No sé si conoces la historia de Pedrito, «el ángel de la sonrisa», pero es preciosa. La hemos descubierto en Alfa y Omega.

Carla Guzmán, su madre, según los médicos no podía tener hijos, pero cuando supo que estaba embarazada viajó con su marido a Lourdes para dar las gracias a la Virgen. La sorpresa fue mayor cuando les dijeron que venían mellizos, Pedro y Catalina a los que se sumaría después Jaime.

La vida familiar se desarrolló con normalidad hasta que, con 11 años, detectaron a Pedrito un cáncer. «Aquella noche no pude dormir, la angustia no me dejaba. Fue como en Getsemaní. Le decía al Señor: “Aparta de mí este cáliz”». Sin embargo, la angustia se transformó en abandono en las manos del Señor –«si tiene que ser así, dame la fuerza para sobrellevarlo»– y «a partir de entonces me invadió una gran paz».

No había operación posible hasta que «Nos pusimos a rezar como locos y a pedir oraciones a todo el mundo» y de pronto, «apareció de la nada un ángel en forma de jefe de Trasplantes del Hospital de la Paz». Les advirtió de los riesgos: «Entonces lo que hay que hacer es rezar con más fuerza». El médico, a su vez, respondió: «Al final todos estamos en las manos de Dios».

Rezaban el Rosario todos los días por zoom, empezaron a pedir oraciones a mucha gente y hubo incluso conversiones. La más llamativa fue la de su compañera de habitación, de 17 años, que al verlo sonreír siempre no salía de su asombro. El niño le enseñó a rezar el Rosario, además de decirle que rezaba todos los días por ella. Mireya acabó pidiendo y recibiendo el Bautismo, tras unas catequesis, junto a la Primera Comunión y a la Confirmación.

Su madre concluye: «Ojalá llegue el milagro de su curación», pero en realidad «la meta es el cielo».

Te recomiendo que leas la historia completa en Alfa y Omega 

Artículo anteriorLa bolsa y la vida
Artículo siguienteJuntos ante la adversidad