No tengas miedo, ten fe”- Mc 5.

Es mi versículo favorito de la biblia y, antes de presentarme, quería empezar mi testimonio con él porque todo lo que os pueda decir con mis palabras se resume simplemente en esa frase.

Hola, me presento, soy Marina Mora, tengo 22 años y vivo en Córdoba. Mi vida no es nada especial, al contrario, es bastante corriente. Tuve la suerte de nacer en una familia cristiana y en educarme en un colegio católico, ellos me inculcaron los valores que me han hecho ser quien ahora mismo soy. Desde pequeña he vivido la fe desde cerca, pero hace tiempo que descubrí que tenía que dejar “la fe de mis padres” y comenzar a construir mi fe. Construir mi fe, con mis defectos y mis virtudes, aceptar la cruz y seguirlo.

Pero ¿cómo comienza mi historia y por qué os puede servir?

Yo siempre he sido, y soy, una persona que se apunta hasta un bombardeo. En 2013, tendría yo 15 años, el párroco de mi colegio me ofreció ir a los campamentos de la parroquia como monitora. No os voy a mentir, a mí eso de los campamentos nunca me había llamado la atención, pero como tampoco tenía “nada mejor que hacer” decidí apuntarme y ver qué pasaba. Ahora puedo decir, sin miedo a equivocarme, que fue la mejor decisión que he tomado y, sobre todo, que las mayores aventuras comienzan con un SI a Dios. Yo estaba yendo porque “era mi mejor plan” y Él me estaba llamando para cosas grandes.

Desde ese momento nunca he dejado de buscar, de buscarlo. Han pasado 8 años en los que he vivido miles de cosas por las que solo puedo dar gracias: SUF, voluntariado en Córdoba, fui a la JMJ, de misiones a Paraguay y Argentina, voluntaria en peregrinaciones y catequista de dos grupos de jóvenes que quiero con locura.

¿Y qué he aprendido con todas esas experiencias?

Que quien da en Dios recibe 50 veces más.

Vivimos en una sociedad donde parece que entregarse es renunciar a cosas, donde parece que creer está pasado de moda. Dejar el miedo atrás y aceptar los planes que Dios tiene preparados para ti es algo muy complicado, a mi aún me cuesta mucho aceptarlo. Es renunciar a lo que tú quieres y hacer lo que Él quiere para ti. Pero cuando lo consigues, cuando decides seguir ese camino que tiene preparado para ti y entregarte a los demás, comienzas a darte cuenta del amor inmenso que recibes gratuitamente.

Vivir la fe es servir, es compartir con los demás la felicidad de creer. Es entregar tu tiempo por y para los demás, es dar gratis lo que a ti te han dado gratis. Pero no únicamente con los que creen como tú. Es que las personas que no conocen a Dios se pregunten ¿cómo puede ser tan feliz? Y que la respuesta sea: “porque tengo fe”.

Por ello mismo os quería decir que no tengáis miedo, que tengáis fe. Si le ofrecéis un cheque en blanco de vuestra vida, descubriréis las maravillas que tiene preparado para vosotros.

Marina Mora de Alvear

 

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