Es ésta la primera novela de Lucía Baquedano (Pamplona, 1938), con la que obtuvo el Premio “Gran Angular” de 1979, aunque probablemente la había comenzado a escribir unos años atrás. Narrada en primera persona, la protagonista (en la que se refleja la autora) evoca sus primeros años de docencia tras conseguir una plaza de maestra, después de unos largos y duros ejercicios de oposición.

El relato está caracterizado por el humor y por la ingenuidad de una chica de veinte años, aunque con la perspectiva final de la madurez, ya que la autora contaba unos cuarenta años cuando publica definitivamente la obra. La idea principal está en la transformación personal, propiciada por los contrastes entre la vida del campo y la de la ciudad. Nuevamente, se muestra en el género narrativo el tópico literario “menosprecio de corte y alabanza de aldea”, esta vez en la persona de una joven maestra que deja la ciudad, Pamplona, para trasladarse a un pequeño pueblo del Pirineo, Beirechea. El cambio de lugar le dará un nuevo sentido a su vida, madurando en el terreno profesional y especialmente en lo personal: el descubrimiento del amor, y la presencia y cercanía de Dios en nuestras vidas y en nuestro destino.

Por último, hay que destacar el papel fundamental de los libros en el relato: uno de los grandes hallazgos de Muriel para sus clases será descubrir la biblioteca en casa de Arive. A partir de ese momento, su tarea primordial será fomentar y promover el interés de los niños por la lectura, porque el día de mañana los libros serán la prolongación de la escuela en sus vidas, porque estudiar les ayudará a elegir mejor “su camino”, tanto si deciden quedarse en el pueblo como si prefieren marcharse a la ciudad. Si están bien preparados, podrán elegir por fin libremente, pues en el conocimiento y en la cultura están las claves de la libertad.

Reseña de Ana María Díaz Barranco para Club del lector

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