Hay lecciones y hay hechos que tenemos que recordar durante toda nuestra vida, que siempre tenemos que tener muy presente, uno de ellos, es el hecho de que la vida no es lineal, sino que está llena de subidas y bajadas, de momentos buenos y momentos no tan buenos, y esto es algo que debemos aceptar, no pensando en que estamos “condenados a ello”, sino que a pesar de ello saber que la vida vale la pena.

Yo relaciono este hecho con nuestra vida como jóvenes cristianos; a veces buscamos experimentar muchas emociones, tal vez influenciados por nuestra época, por nuestra sociedad, y talvez un poco por nuestra juventud e ingenuidad, y cuando no encontramos estas emociones dentro de nuestro caminar Cristiano, lo relacionamos directamente con el “no sentir a Dios”, con una resequedad espiritual, pero no es así, no debe y no tiene por qué ser así.

Si se sigue a Cristo, es porque estamos convencidos de que es El Señor, de que esta ahí aunque no siempre lo sintamos. Pero ¿Qué nos toca hacer?

Aquellos pequeños o grandes encuentros, que son inolvidables con El deben ser el impulso para continuar haciendo lo que nos corresponde, para ser un católico de convicción y no de emoción debemos tener constantemente en nuestra memoria estos momentos. Hay que evitar tener una mala memoria, que no nos impida mirar y abrazar todo aquello que Dios ha puesto en nuestro camino y nos ha hecho tanto bien.

Tener presento esto en nosotros nos salvara del pesimismo, del desánimo, de la desesperanza, pues nos recordara como empezó todo con El, con Jesucristo.

Abraham Cañedo

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