Las personas que están empezando su camino de relación íntima con el Señor muchas veces nos preguntas si X o Z es pecado y nosotros respondemos como podemos. No obstante, también hay ocasiones en las que tampoco sabemos discernir con exactitud si lo que deseo es pecado o no… Youcat nos responde de una manera muy ingeniosa:

No solo es pecado cuando actúo con dureza de corazón, sino también cuando me miro a mí mismo y no me dejo amar primero por Dios. Si rechazo su amor sin límites y me vuelvo insensible.

No es pecado disfrutar de las cosas buenísimas de la vida, pero sí convertirlas en mis dioses y querer conseguirlas a cualquier precio.

No es pecado querer ganar mucho dinero, pero sí que el bienestar se convierta en todo para mí. Y tener miedo a perder mi vida su comparto y me compadezco de otros.

No es pecado reclamar mis derechos, pero sí abusar de ellos, volverem desconsiderado y duro de corazón o menospreciar el derecho de los demás.

No es pecado sentir deseos e impulsos sexuales, pero sí dejarme dominar por ellos o utilizarlos para satisfacer mis ansias.

No es pecado que haya personas que no me caigan bien, pero sí tratarlas como si no fueran iguales que yo, hijos amados de Dios.

No es necesariamente pecado criticar a otras personas, pero sí hacerlo de forma irreflexiva o descuidada y con ello desacreditar o herir a los demás.

No es propiamente pecado experimentar en mí la envidia, la ira o la alegría por el mal ajeno, pero sí no intentar superar estos sentimientos o dejarme llevar por ellos en mis acciones.

No es pecado hablar de otras personas, pero sí contar de forma irreflexiva o malévola, cosas malas de otras personas.

No es pecado callar en situaciones de conflicto, pero sí callar cuando otros son humillados, calumniados o víctimas de mentiras.

No es pecado discutir con alguien, pero sí buscar pelea, no escuchar a otros y no preocuparme por ellos.

No es pecado que mi corazón se quede vacío a menudo en la oración, pero sí que no valore el tiempo de oración o ni siquiera me tome la molestia de abrirme a Dios y escuchar Su Palabra.

No es pecado tener, a veces, dudas de fe, pero sí separarme de la comunión de la Iglesia, no partiricpar regularmente en la Eucaristía, dar más valor a lo terrenal que a lo espiritual.

No es pecado hacer planes para mi vida, pero sí no dejar espacio para mi fe en Dios, que no me interese el hecho de que mi vida cada día está en Sus manos.

En definitiva: es pecado cuando me pongo yo en el centro de manera desordenada y no a Cristo y a los demás. El pecado es una falta de amor leve o grave contra Dios, contra los demás pero también contra uno mismo. 

Estos son algunos ejemplos pero pueden haber muchos más y cada uno sabrá las situaciones en las que se plantean estas diatribas. No obstante, también queremos proponeros otro examen de conciencia que puede ayudar mucho a confesarnos en profundidad

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