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Vivir la Fe en familia es un regalazo. Testimonio de Teresa Terry

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Vivir la Fe en familia es un regalazo. Testimonio de Teresa Terry

La medida del amor es amar sin medida”, dice San Agustín. Esta frase me resuena desde el día que la escuché. No existen límites ni imposibles cuando Dios es el centro de tu vida. El amor de Dios se desbordó al bajar al mundo; para que pudiéramos ver, tocar, sentir, a través de la Cruz, el Amor en mayúsculas, el Amor al que estamos llamados a regresar. El Amor que da sentido a toda nuestra vida.

Me llamo Teresa, tengo 21 años y vivo en Sevilla. Puedo decir que Dios ha sido siempre mi compañero de vida. Me considero una persona muy afortunada por haber nacido en una familia católica y haber ido a un colegio católico, que me han ido inculcando valores que me han llevado a ser quien soy ahora. Desde pequeña he vivido la Fe por lo que he recibido en casa y en el colegio, pero con los años, mi relación con Dios ha ido creciendo y madurando.

Desde el momento en el que decidí seguir a Jesús, sabía que nunca iba a estar sola.

Cuando llegué a la universidad, una amiga me invitó a ir a unos grupos de Fe, donde vi que mi Fe tenía que subir un gran escalón. Reconocí el anhelo más profundo de mi corazón, tenía sed de Dios, sed del Amor en mayúsculas. Me sentía llamada a vivir de manera que otros pudieran ver a Dios a través de mí, me sentía llamada a ser sal y luz, a contagiar alegría, Fe y mucho amor.

Pero me di cuenta, que la Fe no se vive sola, Cristo siempre nos invita a pertenecer a su familia y, vivir la Fe en familia es un regalazo. Dios ha puesto en mi vida a personas que me ayudan a subir escalones hacia Él. Personas que me sostienen cada vez que mi fe se tambalea; cuando uno no tiene fuerzas, otro te levanta. En definitiva, personas con las que comparto la mayor locura de amor y con quien camino hacia la santidad. A través de cada una de ellas, he podido experimentar que Él es centro, que ya no somos dos, sino tres. En toda relación ya sea de amistad, noviazgo o familiar, la presencia de Dios transforma. Él debe ser el centro de toda relación y cuando está, no hace falta nada más.

Como mejor se vive la fe es compartiéndola con otros. No se trata de crecer a la vez sino de crecer juntos.

Dios es mi GPS, para guiarme y no perderme nunca, aun cuando me sé el camino. Él es quien me reafirma cada día el para qué estoy en la vida. ¿Y para qué estoy?, como San Juan Pablo II nos dice, estamos “Llamados al Amor”, pero al Amor en mayúsculas. Estamos llamados a algo muy grande y que muchas veces no nos damos ni cuenta. Si venimos del Amor pleno e infinito, estamos llamados a reflejar la esencia de ese amor. Todo con amor, por amor y para amar. Puedo decir que mi vida gira entorno a este llamado, a esta vocación al Amor, donde el servicio a los demás es lo primero.

Vivo mi Fe porque me impulsa, me invita a levantar la mirada para salir de mi misma y darme al otro. Me empuja a saberme digna del verdadero amor, me afirma mi verdadera identidad de hija de Dios. No porque sea algo extraordinario, sino porque vivir la fe es ya un hecho extraordinario.

Teresa Terry Escofet