Inmersos como estamos en el Xacobeo 21-22, muchas personas, entre las cuales iguales está tú, tienen planeado hacer el Camino de Santiago. ¡Y es maravilloso! No podrá ser, al menos en este año 2021, una peregrinación como antes de la pandemia, pero seguro que se puede disfrutar, como ya lo hicimos quienes nos pusimos en camino en 2020.

Motivaciones para hacer el Camino de Santiago hay muchas, pero hay un elemento, la fe en Dios o, al menos, su búsqueda, que divide en dos a las personas que caminan. Están los peregrinos, que buscan la trascendencia (y, dentro de ellos, quienes van a alcanzar algún favor del apóstol, a darle gracias o lo que sea), y los caminantes, que disfrutan de la ruta por pura pasión de caminar, de estar en contacto con la naturaleza, etc., en un entorno en el que se conoce a mucha gente, hay servicios, cultura, etc. De todos modos, en el Camino anda Dios, así que nadie se escapa de verse rodeado por Él y por el sentido último y más profundo de la peregrinación.

Pero, dentro de quienes caminan guiados por la fe, quizás falta conocimiento de quién es el apóstol que reposa en Compostela. Y eso no puede ser, puesto que no es lo mismo Pedro que Santiago como no es lo mismo ir a Roma que a Santiago o a Jerusalén o a Lourdes, etc. Vamos a conocerle un poco más hoy.

Santiago es el hermano mayor de la familia formada por Zebedeo y Salomé, cuyo hijo menor, san Juan, también fue discípulo de Jesús, no en vano es el discípulo amado y evangelista. Por tanto, podemos decir que nació en el seno de una familia religiosa, de la corriente del pueblo judío que esperaba la llegada del Mesías en aquellos días de ‘pax romana’ y del Templo restaurado. Juan el evangelista era discípulo del Bautista y es casi seguro que fue el primero que habló de Jesús a Santiago. Juan fue el primero que escuchó el «ven y verás» de labios del Señor y, tras seguirle un breve tiempo, fue llamado en el famoso episodio de la pesca en el que fue constituido el primer núcleo de lo que luego serían los Doce: Pedro, Santiago, Juan y Andrés.

El carácter del apóstol, curiosamente, tiene mucho de ibérico. Echado para adelante, vehemente, con ansias de arreglar las cosas por su cuenta… y de corazón noble. Son varios los pasajes en los que esto queda claro, como cuando quiere hacer bajar fuego del Cielo para aniquilar a los que no creen o cuando tantean al Señor para ocupar un lugar preferente en su Reino. Como ves, fue tan pecador como lo podemos ser nosotros. ¡Y esto ya nos dice mucho! Porque nos enseña que lo más importante es levantarse y ser capaz de entregar nuestra vida a Dios hasta el final.

Santiago forma parte del grupo de favoritos del Señor junto a Pedro y Juan. Los tres son los apóstoles de las resurrecciones, de la Transfiguración y de Getsemaní. Es cierto que Santiago siempre ocupa un lugar secundario en vida respecto a sus amigos, pero, como leemos en Hechos 12, 1-2, fue el elegido para ser el primero en volver a estar con Jesús. ¡Fue mártir por confesar la fe! De lo que le pasó en los días de la Pasión no sabemos nada. Es de imaginar que estaría viendo lo que sucedía a una distancia prudente, por miedo quizás a ser delatado y ajusticiado, como su maestro. Pero todavía no estaba preparado.

Tras la muerte del Señor vuelve a aparecer junto a los Once, con quienes permanece en Jerusalén hasta la muerte de Esteban. Desde ahí hasta su muerte se suceden los años en que, según la tradición, evangelizó en España. De su predicación nos ha quedado la veneración a la Virgen María, aparecida en carne mortal en un pilar en Zaragoza cuando el apóstol flaqueaba, y la tradición de los siete varones apostólicos. Poca gente lo sabe, pero Ana Catalina de Emmerick, la vidente de la Pasión del Señor, tuvo visiones también sobre Santiago en España. En cualquier caso, lo que es seguro es que Santiago no predicó en la actual Compostela y que él no hizo ningún camino. Hay gente que se confunde en este punto: no, el camino de Santiago no es el camino que recorrió el apóstol.

A su vuelta a Jerusalén, acontecida, según otra tradición, para estar junto a la Virgen María en su gloriosa Asunción, fue un hombre destacado. Tanto, que Herodes, yendo a por los principales cristianos de la Ciudad Santa, le degolló. También detuvo a Pedro, pero éste fue liberado. Nuestro apóstol fue delatado como cristiano y ya no huyó, ya no calló y confesó con vehemencia el nombre de Jesús Resucitado. Tal fue su testimonio que su acusador acabó convirtiéndose y proclamando que Jesús es el Señor. Así, tras ser perdonado por Santiago, fueron ambos decapitados. Fueron mártires y ambos gozaron desde aquel día de la visión beatífica reservada a quienes dan su vida por el Señor.

A semejante apóstol nos acogemos cada vez que peregrinamos a Compostela. ¡Casi nada! Te animo a que leas los evangelios fijándote también en él.
¡Ultreia et suseia!

Javier Peño

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