Pascua: tiempo de paz, de alegría, de entusiasmo. Una cosa nos roba todo eso: el pecado. San Juan nos lo dice en la segunda lectura: os escribo para que no pequéis. Pero, junto a esto: nos sabemos perdonados, porque para eso ha muerto y resucitado Cristo: para perdonarnos.

San Pedro, en la primera lectura, se siente perdonado. Él también falló al maestro, pero lloró su pecado, su falta, y el Maestro lo perdonó. Por eso mismo, después, al dirigirse a los judios, los comprende… y los invita también al arrepentimiento para que sean perdonados. Qué fácil es comprender y perdonar cuando uno antes se ha sentido perdonado. Y, ¡cuántas veces no nos han perdonado a cada uno de nosotros en nuestra vida!

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