Bertold Brecht, literato alemán del s. XX, dijo una vez que «la verdad es concreta», y tenía razón. Y para la vida de oración es fundamental ser concreto, no basta con proponerse «voy a rezar», sino que realmente hay que poner los medios para ello. Chiara Corbella, una madre joven camino a los altares, decía que en todo hay que empezar haciendo «pequeños pasos posibles» (PPP), es decir, empezar por un pequeño propósito realista y dar el pasito. El libro Youcat de Confirmación da 10 tips para la oración que pueden ayudar:

  1. DECÍDETE: Si tú quieres, decídete a llegar a ser una persona que ora y que da forma a su relación con Dios. Decide conscientemente: voy a rezar en este y en este momento.
  2. SÉ FIEL EN LO PEQUEÑO: Quién es fiel en lo poco también lo es en lo mucho. Algunos comienzan a orar con grandes propósitos. Pasado un tiempo fracasan, empiezan a acomodarse y debido a esto piensan que no son capaces de orar. Comienza con pequeños tiempos estables de oración. Y mantente fiel. Entonces, podrán crecer tu deseo y también tu oración.
  3. TÓMATE TIEMPO PARA ORAR: Orar quiere decir estar atento a que Dios está pendiente de mí. Con Él no es necesario solicitar audiencia. Para el tiempo de oración hay tres criterios que pueden ser útiles: establécete un tiempo fijo porque la costumbre ayuda; un momento tranquilo; y un tiempo valioso, es decir,  un tiempo que no es un «tiempo muerto» sino que lo entregas con gusto y le regalas al Señor este ratito para estar con Él. 
  4. PREPARA BIEN EL LUGAR: Si rezas mejor en una capilla, cuida tu postura y haz un buen acto de presencia, reconoce con fe que Dios está delante de ti. El lugar donde rezas influye en la oración. Por eso, debes buscar un lugar en el que puedas orar bien. A gente le ayuda hacerlo en el escritorio, o delante de la mesita de noche, otros en un reclinatorio, en el suelo delante de una cruz, etc. Conoce cuál es el lugar que más te ayuda y sé fiel en prepararlo como toca. 
  5. ESTRUCTURA Y RITUALIZA TU VIDA DE ORACIÓN: Dale a tu oración un orden fijo. Este hábito no te debe limitar, sino que te puede ayudar a no tener que pensar cada día si quieres orar y cómo. Antes de orar ponte conscientemente en presencia de Dios; después de la oración tómate un tiempo para dar gracias y dejarte bendecir por Dios.
  6. ORA CON TODO EL SER: La oración no es solo cuestión de pensamiento y palabras. En la oración toda la persona está llamada a unirse a Dios: tu cuerpo, tus percepciones internas y externas, tu memoria, tu voluntad, pensamientos, sentimientos o incluso el sueño de la noche anterior. A veces, las distracciones te aportan una valiosa información acerca de lo que te ocupa y mueve realmente y de lo que puedes poner expresamente ante Dios y dejarlo en Sus manos. Aquello que hay que resolver y que se te ocurre durante la oración, puedes escribirlo para que no se te olvide pero después volver a la oración.
  7. ORA DE FORMAS DIFERENTES: Descubre y practica las muchas formas de oración que pueden ser diferentes según el tiempo, el propio estado de ánimo y la situación actual: la oración personal y las intenciones personales; la oración a partir de la Biblia; la oración del silencio; la oración del corazón en la que se repiten jaculatorias, etc.
  8. APROVECHA LAS OCASIONES: Convierte las ocasiones que se te presentan para orar en invitaciones para unirte de nuevo más con Dios. En un tiempo de espera, en la Iglesia que encuentras en tu camino habitual, etc.
  9. DEJA HABLAR A DIOS: Orar quiere decir también escuchar la voz de Dios. Dios habla de forma más explícita en las palabras de la Sagrada Escritura, pero también en el silencio de tu corazón. Deja hablar a Dios en tu oración. Entra en intimidad con Él, de forma que puedas distinguir su voz de las demás voces y aprendas a reconocer Su voluntad. 
  10. ORA CON LA IGLESIA TERRESTRE Y CELESTE: Orar también significa rezar con otros y por otros. Por eso, puede ayudar a rezar con otros, con tus amigos, con tu familia, con tu novio. Y si quieres, puedes pedir ayuda de los santos.
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