Hola, soy Isa, tengo 19 años y la verdad, soy una chica bastante normal y corriente. Puedo decir que tengo la gran suerte de haber nacido en una familia cristiana e ido a un colegio católico, por lo que desde pequeñita siempre he tenido muy presentes ciertos valores que poco a poco me han llevado a ser quien soy ahora. Aunque, a día de hoy reconozco que, en el fondo, todo ha sido gracias a Él.

Soy la mayor de 8 hermanos, algo que de primeras puede parecer de locos, pero creedme, es de lo más divertido. Mi pasión es cantar, y también me gusta mucho tocar la guitarra y leer. Soy una persona organizada y responsable. Aunque como he dicho antes, soy totalmente normal y corriente, por lo que tengo también infinidad de defectos…

Nunca he ido a campamentos, ni viajes de fin de curso… sin embargo, el verano de 2º a 3º de la ESO puedo decir que marcó un antes y un después. Fue el verano en el que le encontré el sentido a mi vida. Sé que dicho así suena muy poético, pero es que fue tal cual.

Yo por aquel entonces iba a un club en el que había un rato de estudio, teníamos actividades (baile, cocina, manualidades…) y después charla de formación. Mi vida cristiana se limitaba a eso e ir a misa los domingos. Pero un día, vino al club una señora a hablarnos de un campamento de verano, al que acabé yendo simplemente por hacer algo diferente. Entonces fue cuando descubrí el Opus Dei y el AMOR de Dios. Y sí, amor en MAYÚSCULAS. Conocí la mejor forma de vivir la vida, que es junto a Dios. Y lo que más me sorprendió, fue que no había que hacer nada raro o fuera de lo normal.

Se podría decir que, hasta entonces, yo vivía en una burbuja. Tenía mi familia, mis amigos, mis estudios… Era feliz. Qué más podía pedir, ¿no? El problema era que no vivía con ningún propósito en especial. Me faltaba Él. Y digo faltaba, no porque no estuviese, sino porque estando, no le tenía presente en mi día a día. Es como si tuvieras un amigo con quien sabes que puedes contar para lo que haga falta, pero no le tienes en cuenta más que puntualmente. Cualquiera se hartaría, yo la primera he de reconocer. La diferencia es que este amigo no se cansa de esperar, y esperar, y esperar… y cuando te decides a hacerle caso, te recibe con los brazos abiertos. Bueno, pues como decía, el verano del 2015, esa pequeña burbuja explotó.

Siempre he sido una persona tímida, con miedos e inseguridades, y lo sigo siendo un poco. Pero estos últimos años me he ido dando cuenta de lo afortunada que soy de ser Hija de Dios, y no puedo quedarme indiferente ante la gente que no le conoce. Es una felicidad que necesito compartir, no puedo ser egoísta con algo tan grande.

Imaginaros ahora el momento más feliz de vuestra vida. Algo que os haya hecho sentir tan orgullosos que necesitabais contárselo a alguien más. Pues esto es igual. Porque Dios, no merece la pena, merece la vida. Y por ello, no puedo quedármelo sólo para mí.

Ahora, con la Semana Santa reciente, os comparto una reflexión a la que llegué un día en mi oración y fue otro punto de inflexión en mi vida:

Es muy fuerte el hecho de que Alguien, que te ha tenido A TI en su mente desde que creó el mundo, se haya hecho hombre, como tú y como yo, con la vulnerabilidad que eso conlleva; haya sufrido insultos, latigazos, bofetadas… hasta finalmente morir en una Cruz, sólo para que TÚ puedas vivir. Para que TÚ puedas estar donde estás ahora, con tu familia, amigos…

¿No os parece algo extraordinario? Es que te paras a pensarlo… y madre mía lo que me cuesta muchas veces ayudar en mi casa, o dejar una blusa a mis hermanas, o algo tan simple como decir por favor y gracias. Y tantas y tantas cosas que, por pereza, indiferencia… evitamos o hacemos mal. Pero es que es en esas pequeñas cosas donde Dios está esperándote. Y cuando eres consciente de esto; de que allá donde vayas, hables con quien hables, vas a estar con Él; que si te caes, Él te levanta; si estás sufriendo, Él sufre contigo… te da igual todo lo demás. Ya no importa si quedas bien o mal, si vistes mejor o peor… Porque para Él, eres perfecto tal y como eres.

Descubrir esto y VIVIR en esto es una pasada. Ahora bien, no todo camino es de rosas y toca, como he dicho antes, darlo a conocer en un mundo en el que parece que cada vez nos lo ponen más difícil. Pero es que, como decía Madre Teresa de Calcuta, una frase que me encanta, “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Y los cristianos tenemos esta enorme, pero preciosa, responsabilidad y es que nuestra vida, puede ser el único Evangelio que lea alguien. ¿El secreto? Ser uno mismo. El ejemplo arrasa, y con algo tan simple como es vivir mi vida con alegría, siendo yo, intento todos los días llevar a Dios allá donde voy.

Isabel Ciordia

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