33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Saliéndome un poco de la tónica habitual, creí conveniente escribir sobre este pasaje que leeremos en muy poco. Siempre me pregunté que quiso decir Jesús realmente cuando en la Cruz clamó al Padre así. Es cierto que hay misterios que es mejor no saber, o que simplemente no podremos saber, por haberse sido ocultados a los hombres.

Jesús fue ejemplo y modelo para los hombres en todo; como decía en la catequesis anterior, es la imagen del Dios Padre invisible. Y para esto también lo fue.

¿Cuántas veces habremos dicho nosotros en nuestra vida: Eloy Eloy… (Dios mío Dios mío, por qué me has abandonado)?. Clamando angustiosos al cielo esperando una respuesta. Pero Jesús no se quedó ahí. Una de las teorías que más me cuadran para explicar este grito de Jesús es que realmente recitaba el Salmo 22: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Pero tú eres santo Tú que habitas entre las alabanzas de Israel (…)

Como vemos, el Salmo cambia totalmente la tónica y comienza una alabanza a Dios. Creo que esto es lo que realmente Jesús hizo; al ser hombre también sintió miedo. Pero no se quedó ahí; continuó su alabanza hasta el final, siendo obediente y amoroso para con el Padre y para con nosotros hasta la muerte, tal y como había prometido. Por eso la próxima vez que miremos al cielo para decir Dios mío Dios mío… recordemos que Jesús siguió confiando hasta el final; sabedores de que Dios en su amor, está con nosotros en cada tribulación. ¡Feliz Semana Santa!

Carlos García Moreno.

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