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Una aventura de Cuaresma: La batalla va a comenzar

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Una aventura de Cuaresma: La batalla va a comenzar

De pronto, sin aviso, los enanos se desplegaron sin aviso. Los arcos chasquearon y las flechas silbaron. La batalla iba a comenzar.

¡Pero todavía más pronto una sombra creció con terrible rapidez! Una nube negra cubrió el
cielo.

El trueno invernal rodó en un viento huracanado, rugió y retumbó en la Misma y relampagueó en la cima. Y por debajo del Trueno se pudo ver otra oscuridad, que se adelantaba en un torbellino, pero está oscuridad no llegó con el viento; llegó desde el Norte.

Cómo una inmensa nube de pájaros, tan densa que no había luz entre las alas.
-Deteneos!- gritó Gandalf con voz de trueno, y la vara se le encendió con una luz tan súbita como el rayo.- ¡El terror ha caído sobre vosotros! ¡Ay, ha llegado más rápido de lo que yo había supuesto!

¡Los trasgos están sobre vosotros! ¡Mirad! Los murciélagos se ciernen sobre el ejército como una nube de langostas. ¡Montan en lobos y los wargos vienen detrás!

El asombro y la confusión cayó sobre todos ellos.

En el libro de Sofonías se nos habla del Día de la Ira con terribles palabras: «Ya está cerca el gran día del Señor. Ya está cerca, muy cerca. Será un día de amargura y de gran estrépito, en el que hasta los valientes pedirán ayuda. Será un día de ira, de angustia y de estrechez; día de alboroto y destrucción, día de oscuridad y tinieblas, día nublado y sombrío, día de sonido de trompetas, de gritos de guerra contra las ciudades fortificadas y contra las desafiantes torres.» (Sof 1,14-16″)

Dios es misericordioso sí, pero también es justo. La puerta de la misericordia está abierta para todos pero dice Jesús a Santa Faustina: “El que se niega a pasar por la puerta de mi misericordia debe pasar por la puerta de mi justicia” (Diario 1146) pero la puerta de la misericordia se abre sólo a los arrepentidos de corazón.

San Alfonso M. de Ligorio explica magistralmente el riesgo que existe de abusar de la
misericordia: el demonio engaña de dos maneras: con la desesperación y con la esperanza. Tras el pecado, lleva al pecador a la desesperación, con el miedo a la divina justicia; pero antes de pecar empuja el alma al pecado con la esperanza en la divina misericordia.

El engaño consiste en creer que Dios es tan bueno que todo el mundo se salva,
independientemente de que se siga pecando.

Los pecadores quieren pecar sin perder la esperanza de salvarse. Pecan pensando: Cometeré este pecado y luego confesaré o Haré lo que me plazca, porque Dios es bueno. Pero Dios es justo, y pasar por alto la impenitencia sería una terrible injusticia.

Por eso la Iglesia insiste en la necesidad frecuente de hacer actos de contrición. El pecador
arrepentido atrae a la Misericordia y el impenitente a la Justicia.

Al pecar, busquemos refugio en la Misericordia del Señor, no sea que nos sorprenda la Justicia como ladrón en la noche.

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-¡A la montaña!- gritó Bardo- tomemos posiciones mientras todavía hay tiempo.
Unos trasgos habían escalado la Montaña por la otra parte y muchos ya estaban sobre la
Puerta.

Los defensores eran pocos y no podían cerrarles el paso durante mucho tiempo.
La esperanza de Victoria se había desvanecido.

De súbito se oyó un clamor, y desde la Puerta llamó una trompeta. ¡Habían olvidado a Thorin!

Parte del muro se desplomó. El Rey de la Montaña apareció en el umbral
y sus compañeros le siguieron.

El trabajo para hoy consistirá en hacer firme propósito de enmienda de aquél hábito que,
siendo malo, me resisto a dejar. Cambiar los hábitos cuesta mucho, pero la Gracia y el Poder del Señor están de nuestro lado para alcanzar la Victoria.

El gran enano centelleaba en la oscuridad como oro en un fuego mortecino.
-¡A mi! ¡A mí! Elfos y hombres. ¡A mí, oh pueblo mío!- gritaba y la voz resonaba como una
trompa en el valle.

C. Hoyos