A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. 22 Él no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. 23 Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. 24 Él llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados. 25 Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.”

Estas líneas de la primera carta del Apóstol San Pedro son como podemos ver, muy profundas. Cristo fue ejemplo de cómo es Dios Padre; es la imagen visible del Dios Invisible. Es el ejemplo a seguir, manteniendo lógicamente las distancias entre nuestra naturaleza frágil y su divinidad perfecta.

Jesucristo, no pecó nunca, Él sabe que para nosotros esto es imposible, sin embargo, tenemos una llamada universal a la santidad. El Santo no es quien peca menos, si no quién sabiéndose pecador, no deja de confiar nunca en la gracia de Dios y de luchar cada día por todas aquellas cosas (grandes o pequeñas) que nos alejan del amor paterno. Siendo así, Jesucristo se convirtió en el cordero para expiar todos nuestros pecados; si lo pensamos bien resulta irónico. El hombre sin falta, el hombre sin mancha, cargando con todo el peso de los males de la humanidad. Lejos de ser una burla es todo lo contrario, una muestra más de la grandeza del amor infinito de Dios hacia los hombres.

Cristo espera de todos y cada uno de nosotros lo máximo que podamos dar, pero como decía, es conocedor de nuestras limitaciones. Lo más frecuente sería que nosotros devolviésemos el insulto, o que amenacemos mientras sufrimos; esto sería lo “típico” de la naturaleza humana. Sin embargo, como comenta Pedro en su carta, Jesús nos dio ejemplo también con esto. Para que aprendamos a amar al enemigo, para que aprendamos a perdonar y para que aprendamos a poner la otra mejilla.

Pueden parecer cosas muy difíciles de poner en práctica, e incluso una locura para aquellos que no han tenido la gracia de sentir cerca a Jesús. Sin embargo queridos amigos, convencido estoy de que es la vía para la felicidad: La imitación de Jesús (en el amor, en el perdón, en la templanza). Grande es nuestra limitación pero, que nunca dejemos de intentarlo. “Señor Jesús, gracias por todo lo que has sufrido por nosotros, gracias por ser ejemplo diario, y gracias por estar en cada momento. Disculpa nuestra pobre limitación, y danos tu mano para que con la ayuda de tu gracia nuestra vida pueda ser una vida de amor a todos nuestros hermanos, sin excepciones.”

Carlos García Moreno

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