Lo primero que quisiera decir es que este artículo ha sido inspirado por está gran figura, de hombre y protector, de patriarca y de un hombre con gran corazón, San José.

Muchas son las virtudes que a lo largo del caminar podemos adquirir, pero en esta sintonía, y contemplando a San José, siento que a ejemplo de él, podemos sacar una enorme invitación: estamos llamados a ser hombres y mujeres de una sola pieza. Pero ¿Qué quiere decir esto?

Es saber darle lugar a cada cada momento que se nos presente, si toca reír o llorar, preocuparse o alegrarse, pensar un poco más o relajarse, pero saber que cada momento nos exige una actitud, y que necesitamos saber tomar de frente lo que venga, siempre con prudencia y con valentía.

Al mismo tiempo ser personas de una sola pieza es siempre saber anteponer la dignidad del otro antes de cualquier cosa, situación o complicación que pueda existir. Es saber que el otro vale por el simple hecho de ser humano, y eso lo hace merecedor de lo mejor.

Y quería dejar esto para lo último, lo que nos debe verdaderamente hacer personas de una sola pieza es responder con el sí y confiar en todo momento a la voluntad de Dios, a pesar del panorama, o de cualquier situación, cuando hacemos esto simplemente lo demás viene por añadidura .

Ojalá nos animemos a realmente ser así, de una sola pieza, donde siempre presentemos ese rostro que queremos imitar, el de Cristo, a través de nosotros.

Abraham Cañedo

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