miércoles, abril 21, 2021
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De repente todo cobra sentido. Testimonio de María Camarero

Hola, yo soy María, tengo 22 años y vivo en Logroño (La Rioja) ¡La comunidad del buen vino!

Mi historia con Dios, como la de cada uno de nosotros, ha sido y es personal e intransferible. Muy bonita y también muy dolorosa. Una historia de la que, aunque a veces dude, no cambiaría ni un ápice porque para eso es la mía y por ella soy quien soy. Y, a través de ella, Dios seguirá moldeándome.

Nada tiene que ver la fe de esa niña de 10 años hasta la que es hoy. De una fe heredada a una fe caminada, sangrada y forjada. Y nada tendrá que ver la fe que hoy tengo con la que tendré dentro de unos cuantos años. La vida va cambiando y una va madurando, así como la figura y el conocimiento de mi Padre. Que, en contra de lo que pensaba hace 10 años, no es un genio de la lámpara aunque todo en Él sí sea mágico, apasionante y, al mismo tiempo, desconcertante.

Cuando te encuentras con Dios, lo haces también contigo mismo, con tu alma y con el sentido de tu creación. De repente todo cobra sentido. Y vives por y para una vocación; amar, amar y amar en las pequeñas cosas de tu casa, tu noviazgo, tu matrimonio, tus estudios y tu trabajo y el deseo de la santidad en todas esas sencillas cosas. A Dios lo puedes llevar a todos los ámbitos porque está directamente en nosotros, ¡no hay que ir a la luna a buscarlo! Sin embargo, en el día a día no es tan fácil defender la fe. Creo que la mayoría nos encontramos con el gran trabajo que supone, siendo tan jóvenes, de luchar por algo como esto en una sociedad como en la que nos encontramos.

Sí, en días normales y ahora como estudiante de prácticas en un instituto público o, incluso antes como alumna en la Universidad, salen constantemente críticas y burlas hacia Dios, hacia la Iglesia y, en general, hacia todos los que formamos parte de ella. No hay piedad, no hay conocimiento ni ganas de tenerlo y no hay compasión. Algunas de las críticas son indiscutibles, lo que hace que el dolor sea aún mayor pero, como dicen, renunciar a nuestra fe por los escándalos es como pedirle a Juan que deje de ser Apóstol solo porque Judas era un ladrón traicionero.

Es así, de repente te encuentras con Él y te inunda la sed de justicia, sientes el dolor del mundo, quieres formar parte del cambio y nunca te sacias de Dios. Y aunque hay momentos duros en los que te encuentras ante situaciones extrañas y sin sentido recurro a San Agustín: “Es duro seguirte Señor, pero es imposible dejarte”. Una vez que le sigues, no entiendes cómo has podido vivir antes.

María Camarero.

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