Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado[a] que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario[b] al día, los envió a su viña. Y salió como a la hora tercera[c], y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; y a estos les dijo: «Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo». Y ellos fueron. Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena[d], e hizo lo mismo. Y saliendo como a la hora undécima[e], encontró a otros parados, y les dijo*: «¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar?». Ellos le dijeron*: «Porque nadie nos contrató». Él les dijo*: «Id también vosotros a la viña». Y al atardecer, el señor de la viña dijo* a su mayordomo: «Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros». Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario. 10 Y cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado[f], 12 diciendo: «Estos últimos han trabajado solo una hora, pero los has hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día». 13 Pero respondiendo él, dijo a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti. 15 ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?»

La conversión es algo misterioso, cada uno tiene un momento de recibirla. Algunos tienen la fortuna de criarse en familias donde desde que tienen uso de razón se les enseña a seguir el camino de Jesús, y otros (afortunados también) la reciben en otros momentos de su vida, incluso justo antes de su muerte. En no pocas ocasiones nosotros representamos a cada uno de los obreros; unos llegan a la primera hora, otros llegamos a mitad de la jornada, y otros llegan justo al final, y para todos es el mismo pago.

La tentación que nos rodea es clara: ¿Por qué para mí que llegué antes, el mismo precio que para los últimos que llegaron?. Lógicamente esto no es algo bueno para nosotros, y pese a reconocerlo muy frecuentemente nos sigue sucediendo.

Quiero en primer lugar por ser lo más importante, analizar cómo se comporta Dios con nosotros en este plano. Él nunca ha distinguido a nadie, ni por edad, color, lugar de origen; nada del mundo hace que Dios vea a un hijo suyo de una forma diferente a otro. En muchas ocasiones caemos en la tentación de creernos “mejores” que otros hermanos por el simple hecho de un factor diferencial; Dios en ningún momento hace esto. Aquél que es llamado a la viña, se hace hijo suyo y merece el mismo trato que cualquier otro. Y esto precisamente es lo que le hace grandioso: No importa absolutamente nada, ni cuando, ni de donde, ni en que circunstancia; para Dios todos somos iguales, dignos de su amor, sin que haya frontera o diferencia que pueda separarnos.

Ya lo decía la canción que en más de una vez hemos cantado: “nada nos separará, del amor de Dios”.

El Señor se compadece de las situaciones de todos y cada uno de sus hijos: de los afligidos, de los que están solos, de los que sufren. De todos, sin distinción, y a todos les ofrece la oportunidad de ir a la viña y formar parte de ella. Y al acabar la jornada, todos reciben el mismo precio, porque nadie es más que otro, porque la Cruz no pesa más que otra, todas deben llevarse con el mismo amor, y por esta razón todos reciben el mismo pago.

Y finalmente, resalto las últimas palabras: (…) porqué soy bueno. Nada más mágico que esto: Dios es bueno; siempre y en toda circunstancia. Padre que ama, Padre que se compadece, Padre misericordioso. Cuanta alegría y paz podemos sentir sabiendo que Dios es Bueno, y que nunca va a dejar de serlo, porque nos ama en amor infinito.

Pues ojalá amigos no seamos como los obreros que se quejaban de recibir el mismo pago que otros que trabajaron menos, y que nuestra actitud sea de agradecimiento hacia Dios que fuese cuando fuese, nos dio la oportunidad de ir a la viña.

Carlos García Moreno

Artículo anterior‘Jóvenes Católicos’, el apostolado en en redes sociales
Artículo siguienteIsrael Castillo descubrió su vocación en la JMJ de Río de Janeiro en 2013