6 – La apertura a la vida y la transmisión de la fe 

Con estas consideraciones podemos concluir que la fuerza del Camino Neocatecumenal
está precisamente en el Catecumenado como itinerario y en la vida en comunidad, aspectos que son propios de la Iglesia y no son, por tanto, un invento, capricho u ocurrencia del mismo Camino. Son además los dos ejes sobre los que los últimos Papas y la propia Iglesia con sus Obispos está indicando que debe sustentarse la nueva evangelización. Siendo estos dos fundamentos las claves de un éxito asegurado sorprende que en la mayoría de parroquias todavía hoy no existan ni catecumenados para adultos bautizados y/o alejados, ni formas de vida plenamente comunitaria. Se continúa con el modelo de siempre: una pastoral de administración sacramental, que es evidentemente necesaria, pero que en la mayor parte de casos se reduce a la Misa del domingo donde se acude de manera mayoritariamente anónima. Incluso se da el caso de los feligreses que cambian constantemente de parroquia para la celebración dominical, en función de numerosos criterios: preferencias horarias, o del presbítero que la preside, o de la manera que se celebra, o del espacio sagrado que se utiliza.

Un aspecto fundamental para comprender la grave sequía vocacional que estamos
padeciendo tiene que ver inexorablemente con este modelo parroquial que se va poco a
poco extinguiendo y que por los motivos que a continuación indicaré no ayuda en una
cuestión fundamental: la formación de familias donde se de la ‘apertura a la vida’ y la transmisión de la fe dentro de la misma familia.

Antaño la mayor parte de vocaciones al presbiterado surgían de familias cristianas que eran, mayoritariamente, numerosas. Además de que el testimonio de fe de los padres era
elocuentemente fuerte, el hecho de que fueran familias con bastantes hijos propiciaba que
hubieran más aspirantes al sacerdocio. Es una cuestión de mera estadística… Por otro lado
el ambiente cristiano de la misma sociedad, y su forma de vida eminentemente rural, eran
suficientes para animar a las familias a arriesgar en el mandato del Génesis: ‘Creced y
multiplicaos’. Sin embargo en un ambiente social hostil post-moderno como el que vivimos
y hemos señalado, anti-natalista, consumista, hedonista y eminentemente ‘burgués’
(entendiéndose este concepto como la sublimación de la sociedad del bienestar), la familia
cristiana abierta a la vida está en peligro de extinción, incluso dentro de la misma Iglesia.

El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos, en su intervención en 2015 en el Sínodo de la Familia indicaba la
importancia de la iniciación cristiana para hacer frente a las dificultades y presiones a las que se ve sometida la familia cristiana: ‘ Junto con una firme y clara Palabra del Supremo Magisterio, los Pastores tienen la misión de ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a descubrir la belleza de la familia cristiana. Para hacer esto, se debe primero promover todo lo que represente una genuina Iniciación cristiana de adultos, ya que la crisis del matrimonio es esencialmente una crisis de Dios y, al mismo tiempo, una crisis de fe, lo que implica una pueril iniciación cristiana. Por esta razón debemos discernir aquellas realidades que el Espíritu Santo está ya revelándonos en la Verdad sobre la Familia como una comunión íntima en la diversidad (hombre y mujer) que es generosa con el don de la vida . Nosotros, los obispos, tenemos el urgente deber de reconocer y promover los carismas, movimientos y las realidades eclesiales en las cuales la Familia es genuinamente revelada , este prodigio de armonía, amor y esperanza en la Eternidad, esta cuna de fe y escuela de caridad. Y existen tantas realidades ofrecidas por la Providencia, junto con el Concilio Vaticano Segundo, en el cual se ofrece este milagro’.

Tras el Concilio Vaticano II San Pablo VI tuvo la valentía de publicar una de las hasta ahora
posiblemente más polémicas Encíclicas del último siglo, pero también de las más proféticas: La ‘Humanae Vitae’ . En 1968 veía la luz un documento decidido y claro sobre la vida humana, su dignidad y las amenazas que se ciernen sobre ella, nunca vistas antes; un texto que proclama la verdad del amor humano y alertaba ya entonces contra los graves riesgos que la anticoncepción iba a desencadenar: disparo de la infidelidad conyugal y desvirtuación de la institución del matrimonio; pérdida del respeto hacia la mujer; degradación general de la moralidad…

Así lo indicaba el nuevamente el Cardenal Sarah en una conferencia con motivo del 50
aniversario de su publicación en 2018: ‘Al resistir los medios y la presión mundana, Pablo
VI realizó un acto profético (…) al traer la luz de Dios a la vida conyugal, ha resaltado un camino de santidad’ .

Con dicha Encíclica el Papa no solo se enfrentó a los planteamientos del mundo, sino que
encontró en el seno mismo de la Iglesia una oposición sorda -y en algunos casos a veces
no tan sorda- a la enseñanza expresada en materia de moral sexual. Durante el último
medio siglo, en la Iglesia muchos han relegado al olvido la ‘Humane Vitae’ y no la han
predicado. O sencillamente públicamente la han rechazado. Tal es el caso de la Conferencia Episcopal Holandesa: En 1969, nueve obispos holandeses, incluido el cardenal Alfrink, votaron a favor de la llamada Declaración de Independencia, invitando a los fieles a rechazar la enseñanza de Humanae Vitae, en un acto desafiante que podríamos considerar como aberrante y terrible ¿Y que ha sucedido 50 años después? Pues que Holanda es uno de los países católicos más secularizados del mundo. El primero en entrar en una grave crisis de fe. El haber desobedecido a Pedro ha secado a la Iglesia holandesa, y ha traído consecuencias terribles, pues van camino de la desaparición. Sin familias cristianas, abiertas a la vida, las vocaciones fueron disminuyendo poco a poco hasta ser prácticamente nulas. Y sin clero, ni fieles, los Templos que se van quedando vacíos tienen que venderse porque es imposible mantenerlos. Cada año se cierran y venden cientos de ellos en todo el país.

Por contra las diócesis, realidades eclesiales y nuevos movimientos, comunidades… que
aceptaron y predicaron la ‘Humanae Vitae’ son las realidades que hoy tienen vida, y por
tanto vocaciones: Opus Dei, Comunión y Liberación, Schola Cordis Iesu, Focolares,
Carismáticos, el Camino Neocatecumenal y tantas otras…

En reconocimiento a este hecho la Iglesia Católica otorgó al Camino Neocatecumenal, en la
persona de Kiko Argüello, un doctorado honoris causa en el año 2009. El Pontificio Insituto
Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia erigido canónicamente por la
Universidad Católica Lateranense entregaba este doctorado por ‘la fecundidad de este
itinerario de formación cristiana post-bautismal, por la valorización de la familia como sujeto eclesial y social, en plena consonancia con el pensamiento de Juan Pablo II’.

Desde los inicios del Camino en las parroquias, que fueron coincidentes en el tiempo
con la publicación de la ‘Humanae Vitae’ , los iniciadores decidieron obedecer
fielmente las indicaciones del Papa en esta materia y fomentar entre las comunidades la dócil y generosa apertura a la vida dentro de los matrimonios, como un don de Dios. No sin innumerables críticas y persecución proveniente de muchos frentes, también eclesiales, este hecho que podríamos considerar de poca importancia en su momento, con el paso de los años se ha visto crucial. Mientras numerosas realidades, interpretaciones y teologías prometedoras que se oponían a esta Encíclica han ido languideciendo con el tiempo hasta prácticamente desaparecer, de esta obediencia al Sucesor de Pedro del Camino han surgido abundantísimos frutos como 50 años después podemos observar: Miles de comunidades formadas por cientos de miles de jóvenes en todo el mundo, muchos de los cuales han sentido la llamada al presbiterado o a la vida consagrada, o están formando nuevas familias cristianas llenas de hijos que son una esperanza para la Iglesia. Los datos hablan por si mismos: Casi 10.000 hermanas de las comunidades se han consagrado, viviendo en conventos de clausura o en órdenes de vida activa. Decenas de miles han entrado en el presbiterado, tras su paso por seminarios diocesanos, órdenes religiosas o en alguno de los más de 120 Seminarios misioneros internacionales ‘Redemptoris Mater’ repartidos por todo el mundo.

Pero este trabajo ingente no es fruto de un día. La dedicación, el empeño, la predicación
kerygmática de los iniciadores del Camino y los Responsables en cada nación, y de tantos
equipos de catequistas, ha sido determinante para que esta realidad de la apertura a la vida siguiendo las indicaciones de la Iglesia sea un hecho en cualquier comunidad
neocatecumenal del mundo. El Director del Insituto Juan Pablo II Prof. Mons. Livio Melina
en su introducción a la jornada del acto de entrega del doctorado, agradecía precisamente
este trabajo: ‘Por ello el Consejo de la sección central de Roma del Pontificio Insituto ha
decidido otorgar por unanimidad el Doctorado Honoris Causa al Señor Kiko Argüello,
iniciador del Camino Neocatecumenal. Él tiene en sus manos tanto la espada como el
instrumento de trabajo, tanto la razón como la imaginación. Ciertamente su contribución a la reconstrucción de la cultura de la familia se articula en diferentes niveles que se complementan’.

Pero hay que tener en cuenta que el haber obedecido y llevado a término lo que la Iglesia
estaba indicando no ha sido fruto de un obligación, mentalización, o de un esfuerzo moral
por parte de los hermanos, sino que ha sido el resultado de la gracia recibida en el
crecimiento de la fe que se da en el Catecumenado. En la misma celebración el
Vice-director, Profesor P. José Noriega, relacionaba este éxito en la transmisión de los
valores de la Humanae Vitae con el redescubrimiento del bautismo: ‘Acercar a las personas
a las aguas del bautismo ha permitido que el río de agua viva que brota de Cristo pueda dar nuevamente la vida a lo largo de su curso y ha hecho posible que muchas familias se reconstruyan y florezcan en la Iglesia, gracias al imponente testimonio de la fecundidad del Dios Trinidad. En las pequeñas comunidades en las que se estructura el Camino Neocatecumenal, mediante las cuales se desea vivir el misterio de la Santa Familia de Nazaret, cada familia es acogida en su específica relacionalidad sin que sus componentes queden absorbidos de modo indiferenciado. En ellas se promueve también su propia dimensión misionera. Así se ha desarrollado una auténtica pastoral familiar, realizada según el espíritu de nuestro fundador el Papa Juan Pablo II’.

Efectivamente, al aparecer en el seno de la comunidad matrimonios reconstruidos que se
han abierto a la vida, han surgido estas familias numerosas que han sentido la necesidad de transmitir la fe de una forma nueva y clara: Con la dedicación de la mañana del Domingo al rezo de los laúdes con los hijos. Así lo cita el mismo Vice-director, Profesor P. José Noriega: ‘La constitución de una familia, que tiene en su origen la acogida del misterio de la fecundidad de Dios, conlleva por tanto una iniciación al misterio. Las familias del Camino Neocatecumenal lo han entendido rápidamente y han adoptado una forma de liturgia doméstica: cada día el matrimonio, pero especialmente el domingo -toda la familia- reza los laudes y vive esta celebración como un espacio donde se favorece el diálogo con Dios en un contexto de diálogo familiar. De este modo, la gran misión de transmitir la fe a los hijos ha encontrado el ámbito propio del testimonio de los padres, los cuales ayudan a los hijos a entender la importancia de la Palabra en su historia concreta (…) hay que reconocer también que aquí radica una de las razones principales del gran fruto de vocaciones que las familias del Camino Neocatecumenal han sabido llevar ’.

En verdad, la liturgia de los domingos celebrada con gran solemnidad reunidos en torno al
altar de la mesa familiar de cada casa, es un acontecimiento para los hijos de una
importancia crucial para la transmisión de la fe, donde se santifica el domingo y se eleva
una acción de gracias, que se había iniciado la noche anterior con la celebración eucarística, y que se convertirá en memorial para toda su vida. En esta liturgia donde se
cantan los salmos y se abre un Evangelio (al azar, o el del día, o un algún personaje de la
historia de salvación) los padres pueden partir esta Palabra y hacerla vida en los
acontecimientos de sus hijos, a la luz de su propia experiencia. Es en este momento, el más importante de la semana, donde los hijos toman conciencia de ser verdaderamente Hijos de Dios, ‘ un pueblo distinto a todas las naciones’ (Dt. 7,6), y van comprendiendo los misterios de la fe no de una manera teorizada sino hecha carne, en la propia vida de sus padres.

Por último, algunas de estas familias se ofrecerán para partir en misión a los lugares más
inhóspitos del mundo a llevar el anuncio del Evangelio. Los hijos, que acompañarán a los
padres en esta misión, serán los primeros beneficiarios de las bendiciones que el Señor da
a estas familias que lo dejan todo por seguir la llamada a la evangelización. De estas mismas familias han surgido posteriormente cientos de vocaciones y muchos de los hijos,
cuando han sido adultos y han formado sus propias familias, se han levantado igualmente
para partir en misión como un signo de agradecimiento.

Así también lo reconoce el P. José Noriega: ‘En el contexto de una secularización
espantosa de vastas zonas de la tierra, donde la fe está en peligro de apagarse, como una
llama que no encuentra donde nutrirse, el Camino Neocatecumenal ha sabido hacer
presente a Dios de una manera singular. Hablo del gran testimonio de las familias en
misión (…) Se trata de un protagonismo vivido por toda la familia, que lleva a la parroquia y al mundo el testimonio de aquello que es la familia, con sus dificultades, si, pero, sobre
todo, con sus grandes esperanzas. Es más, su testimonio es el testimonio de la Trinidad en
misión, es decir, de la pasión del amor de Dios Trinidad por el hombre’.

Jacob Bellido Recoder

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