lunes, octubre 25, 2021
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Me llamo José María y soy cristiano

Me llamo José María y no tengo nada espectacular que contar, pero me dijeron que no hacía falta, que bastante bestial es ser cristiano. Así que acepté contar algo sobre mi porque eso sí que me lo creo: estar bautizado es increíble. Así que empiezo otra vez.

Me llamo José María y soy cristiano.

El Padre Tomás Morales hablaba de la masa de bautizados como un gigante dormido que estaba llamado a despertar y transformar el mundo desde dentro. Miles de antorchas encendidas en las empresas, las escuelas, en el mundo de la cultura y el deporte… en todos los ámbitos de la sociedad. Yo eso lo he aprendido desde pequeño en mi propia familia, donde he encontrado grandes ejemplos de santidad sencilla, y en los grupos a los que he pertenecido, especialmente en la Milicia de Santa María.

Si algo puedo compartir de mi experiencia de fe es que Dios siempre es sorprendente. Más aún, Dios es sorpresa. Con él la vida es una aventura y lo mejor siempre está por llegar, pero hay que estar dispuesto a tirar a la basura muchos de los planes que hacemos porque Dios los pone patas arriba. Antes o después. Siempre. Todo lo que hayamos soñado se queda corto. Esa es mi experiencia.

Desde pequeño he tenido bastante claro que quería ser profe. Estudié Historia y el máster para dar clase y pude enseñar durante un curso en el I.E.S San Nicasio de Leganés. Y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Allí me sentía una antorcha pequeñita tratando de alumbrar con mi vida y queriendo todo lo que podía a mis alumnos, a los que sigo teniendo un cariño enorme.

Dos años después me estoy preparando para ser sacerdote. Dios y sus sorpresas. Y os diré algo: Cuando sentí que Dios me llamaba a esta vocación me resistí. Me parecía mejor mi plan, mucho mejor. Y como vivimos en un mundo que nos bombardea con mensajes de autoafirmación, dejar que Dios tome el timón nos cuesta mucho. A mí me costó mucho. Es como subirse a una montaña rusa: la primera vez da bastante mal rollo, pero una vez que te atreves flipas. Y quieres más. Aunque cuando estás colgado boca abajo pienses que quién te habrá mandado subirte ahí. No nos gusta perder el control, pero la aventura de la fe supone dar un saltito con los ojos cerrados. Y Dios siempre está ahí.

Cada vez estoy más convencido: Dios es sorpresa. La sorpresa de un amor que, aunque no merezco, no sabe dejar de ofrecerme. Se que no puedo hacer nada para Dios me quiera más y que nada de lo que haga hará que me quiera menos. Y ese amor incondicional sigue sorprendiéndome. Y sigo descubriendo cada día que el secreto es la confianza porque Dios no quita nada de lo que hace la vida grande, bella y libre. ¡Lo da todo! (Benedicto XVI).

Muchas gracias por invitarme a escribir esto, porque pararnos a pensar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas nos hace agradecidos. Y necesitamos dar mucho las gracias por todos los regalos recibidos.

José María Ausín

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