4- Escuchemos a Pedro –

Como acabamos de constatar nuestros últimos Pontífices han estado especialmente inspirados por el Espíritu Santo para interpretar lo que estaba sucediendo en la Iglesia y lo
que estaba por venir. Sus aportaciones han sido sin ninguna duda providenciales, y han
dado claras directrices sobre cómo había que actuar. Han tenido un discernimiento profético
y han expresado con claridad las pautas. Otra cosa es que se les obedezca.

Con el Papa Pio XII se sentaron las bases para el Concilio Vaticano II, con la reforma del
año litúrgico y la renovación de la Vigilia Pascua, entre otras muchas cuestiones. Seguidamente hemos visto un esbozo de los motivos por los que el Papa San Juan XIII
convocaba el Concilio: A la Iglesia le esperaban momentos como en las épocas más
trágicas de su historia, y había que prepararse.

San Pablo VI fue el que dentro de la Iglesia comenzó a hablar abiertamente de la urgencia
de evangelizar, dirigiendo especialmente la mirada hacia los antiguos países de tradición
cristiana, y exponiendo que la forma de evangelizar a los adultos era mediante un
Catecumenado: ‘Es ya evidente que las condiciones actuales hacen cada vez más urgente
que la instrucción catequética sea dada en forma de un catecumenado’ (Evangelii
Nuntiandi, núm.44).

En la Audiencia general del 8 de mayo de 1974, como conclusión del encuentro internacional en Roma en la ‘Domus Mariae’ el Papa San Pablo VI tuvo unas palabras a los
numerosos participantes provenientes del Camino Neocatecumenal, donde dijo: ‘ Vivir y
promover este despertar es considerado por vosotros como una forma de catecumenado
postbautismal, que podrá renovar en las comunidades cristianas de hoy aquellos efectos de madurez y de profundización que en la Iglesia primitiva eran realizados en el período de preparación al Bautismo’. San Pablo VI entendía que lo importante era hacer un catecumenado, aunque fuera con posterioridad al bautismo, para poder solidificar y madurar la fe. De este comentario del Papa no podemos dar a entender que quien no participe de un catecumenado siendo adulto no pueda tener una fe madura, pero sin duda ayuda a mantenerla, acrecentarla y en no pocos casos a recuperarla.

San Juan Pablo II siendo todavía un joven sacerdote escribió un artículo extraordinario por
su actualidad: ‘Catecumenado del siglo XX’ ( Karol Wojtyla, Para que Cristo se sirva de
nosotros, Catecumenado del Siglo XX. Cracovia. Num. 34, 1952, pp. 402-413 ).
Reflexionando sobre la Vigilia Pascual, examinaba los signos que manifiestan la
resurrección de Cristo. Por esto, en el centro de la noche está el Bautismo, que posibilita un
cambio de naturaleza, preparado por el catecumenado.

Posteriormente, siendo ya Arzobispo de Cracovia, fue unos de los padres conciliares que
más contribuyó al redescubrimiento de la iniciación cristiana, y por tanto del catecumenado. En su intervención en el aula conciliar en 1962, en la discusión sobre el texto de la Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, Wojtyla sostuvo tesis ‘revolucionarias’ para la época: ‘ La iniciación cristiana no se hace solo con el Bautismo, sino a través de un catecumenado durante el que la persona adulta se prepara a vivir su vida como cristiano. Por eso es evidente que la iniciación es algo más que la mera recepción del Bautismo’.

Para Wojtyla este redescubrimiento del catecumenado que ampliaba el concepto tradicional
de iniciación cristiana, era de la ‘…máxima importancia, sobre todo en nuestra época, cuando incluso las personas ya bautizadas no han sido suficientemente iniciadas a la
completa verdad de la vida cristiana ’ (Acta Syn. ½, 315). En resumen, el Cardenal Wojtyla
sostenía que el catecumenado no era una mera catequesis doctrinal, sino fundamentalmente existencial, para gestar en el hombre la nueva naturaleza de Cristo, y que este proceso era tan necesario para la iniciación cristiana como el mismo sacramento.

Se entiende en este sentido a la perfección que cuando los primeros catequistas del Camino llegaron a Polonia y se dirigieron a la diócesis de Cracovia, el Arzobispo Mons.
Karol Wojtyla, les acogiera con esperanza y entusiasmo. Vio la praxis de lo que había él
mismo sostenido durante el Concilio. Gracias a él se inició el Camino Neocatecumenal en
Polonia a mediados de los años 70, en medio de una situación socio-política compleja al
estar sometidos al comunismo de la Unión Soviética, por lo que arriesgó para que sus
párrocos se abrieran a esta realidad: Hoy es uno de los países de Europa con mayor
número de comunidades.

Tiempo después, siendo ya San Juan Pablo II, escribió la Exhortación apostólica ‘ Catechesi
Tradendae’ de 1979 donde relataba la importancia de la catequesis en la Iglesia, y donde reconocía que la situación de una gran mayoría de bautizados era de ‘catecúmenos’. Es decir, han recibido el sacramento siendo niños en su mayoría, pero no han sido suficientemente instruidos o catequizados, por lo que las riquezas del bautismo, que son las riquezas de la fe, no se han podido desarrollar plenamente hasta formar cristianos con fe adulta: ‘Nuestra preocupación pastoral y misionera…se dirige a quienes, a pesar de haber nacido en un país cristiano, e incluso en un contexto sociológicamente cristiano, nunca han sido educados en su fe y, como adultos, son verdaderos catecúmenos’ (Catechesi Tradendae núm. 44).

En la visita de San Juan Pablo II a la parroquia romana de Sta. María Goretti el 31 de enero
de 1988 donde estaban presentes numerosas comunidades neocatcumenales el Papa realizó una intervención profética que reproducimos ampliamente por su contenido
significativo: ‘Cuando estudiamos el Bautismo, cuando administramos este sacramento
principal de nuestra fe, cuando leemos las palabras de San Pablo a los Romanos, vemos
más claramente que la práctica en el día de hoy se ha convertido en insuficiente y superficial (…). Pero, al mismo tiempo, se ve cómo sin el catecumenado previo, esta
práctica es insuficiente, inadecuada a aquel gran misterio de la fe y del amor de Dios como
es el Sacramento del Bautismo (…) A través de vuestro Camino Neocatecumenal (y debo decir que la palabra ‘camino’ es muy apropiada), se puede reconstruir lo que una vez era el verdadero catecumenado, más aún, se puede profundizar más en él. Porque es así como se puede llegar a recibir todos los frutos del Bautismo vividos como eran vividos en las comunidades primitivas, por los primeros cristianos, por las primeras generaciones cristianas que estaban dispuestos a todo, incluso al martirio por Cristo y llevaban una vida muy coherente. (…) Ciertamente nosotros hoy, en los países de la vieja cristiandad, sobre todo en los países de Europa, advertimos el agotamiento de nuestro cristianismo interior, de lo que debería ser el fruto de nuestro Bautismo (…) Estamos viviendo en un período de descristianización; parece como si los creyentes, los bautizados, no estuvieran lo suficientemente maduros para oponerse a la secularización, a las ideologías que son contrarias, no sólo a la Iglesia o a la religión católica, sino a la misma religión en general, son ateas, más aún, anti-ateas. Vosotros con vuestro Camino Neocatecumenal tratáis de rehacer, en los diversos ambientes, lo que ha sido destruido. Tratáis de rehacerlo en la comunidad, en las personas, de un modo más auténtico, que se acerca a la experiencia primitiva. Yo veo así la génesis del Neocatecumenado, de vuestro Camino: uno -no sé si Kiko u otros- se preguntó: ¿de dónde venía la fuerza de la Iglesia primitiva? y ¿de dónde viene la debilidad de la Iglesia de hoy mucho más numerosa? Yo creo que encontró la respuesta en el catecumenado, en este Camino (…) Os deseo estos frutos en esta parroquia que me parece que está basada sobre la experiencia Neocatecumenal. Es un modo, pienso, de reconstruir la parroquia basándose en la experiencia Neocatecumenal. Naturalmente no se puede imponer este método a todos; pero si hay tantos candidatos, ¿por qué no? Es un modo muy auténtico, muy coherente con la misma naturaleza de la parroquia, porque así como cada uno de nosotros crece desde el Bautismo, así la comunidad cristiana crece desde el Bautismo, la Iglesia crece desde el Bautismo; crece en la Eucaristía, sí, pero crece desde el Bautismo; no hay Eucaristía sin Bautismo. Así, pues, la parroquia es una comunidad básica en la Iglesia y puede crecer auténticamente en la experiencia Neocatecumenal ; sería como la renovación de la Comunidad primitiva que crecía desde la experiencia Catecumenal. El Señor os bendiga, carísimos, bendiga vuestras familias, vuestros candidatos al sacerdocio, también a los seminaristas del “Redemptoris Mater”, a vuestros jóvenes y a vuestros hijos, que son numerosos, gracias a Dios. Son una gran esperanza, porque el mundo descristianizado, secularizado, agnóstico, que no cree en Dios, pierde la fe en sí mismo, pierde la fe en el hombre’.

Por último tenemos las también palabras proféticas de Joseph Ratzinger cuando era un
joven sacerdote en 1969 durante una entrevista de radio en su Alemania natal. En ellas
preconiza la crisis que vivirá la Iglesia y el mundo en general, señalando el fin de la
‘cristiandad’ y el retorno a una manera de vivir y ser de la Iglesia similar a la época primitiva: formada por pequeñas comunidades, llenas de gente convencida que sean verdaderos testigos de Cristo en el mundo: ‘De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho… Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros (…) La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica. (…) A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, ya exánime, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte’.

Jacob Bellido Recoder

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