3 – Nueva Evangelización –

Hoy día todo el mundo habla de que ‘hay que evangelizar’. Las referencias y llamadas a la
‘evangelización’ gozan de gran aceptación y en el ámbito eclesial son ampliamente escuchadas. Son expresiones y definiciones de actualidad que sin embargo una gran mayoría desconoce quienes fueron los primeros en hablar abiertamente de ello. Cuando en los siglos anteriores se hacía referencia a la evangelización se pensaba evidentemente en los países de misión donde la Iglesia todavía no había llegado. Pero los primeros que abordaron la necesidad de iniciar procesos de ‘re-evangelización’ o ‘nueva evangelización’ referidos especialmente a los países tradicionalmente cristianos fueron precisamente los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello y Carmen Hernández, que sentaron las bases de lo que hoy sabemos que es esencial en la Iglesia. Sin embargo no siempre fue así. Hemos dicho que la experiencia de las barracas de Madrid la situamos a mediados de los años 60. En la cuaresma del año 1967 nacía la primera comunidad neocatecumenal del mundo que todavía hoy subsiste. Fue en la parroquia zamorana de San Frontis, siendo la primera experiencia que se mantiene viva fuera de los primeros intentos de Madrid de iniciar la incipiente realidad del Camino dentro de una parroquia tras la experiencia vivida en las chabolas de Palomeras. En esos años se vio la necesidad de dar inicio a este Catecumenado con la escucha en la parroquia de unas catequesis, que duraban unos dos meses, y que al finalizar, los que quisieran continuar, formarían propiamente la comunidad.

Se configuraron por tanto un total de 14 catequesis, más una convivencia de fin de semana
conclusiva, para arrancar la iniciación cristiana insertada en la vida de una pequeña comunidad, dentro de una parroquia concreta que pedía iniciar esta experiencia. La
catequesis que se daba (y todavía se continúan dando con idéntico contenido) en el
segundo día se titula ‘Pastoral de evangelización’ y en ella se desgrana la importancia de abrir en la parroquia una pastoral misionera que sea evangelizadora frente a la mera pastoral sacramental o de conservación que ya se realiza y que no es estrictamente
misionera, dado que solo sirve para los que ya tienen fe, pero no para aquellos que no la
tienen o viven con una fe inmadura. En la catequesis se evidenciaba la necesidad de abrir
nuevas vías para hacer frente al desafío de la secularización, descristianización y crisis de
fe que se analizan en el tercer día de catequesis: ‘¿Qué es este Camino Neocatecumenal
que iniciamos en las parroquias? Pues es precisamente abrir dentro de la parroquia una
pastoral de evangelización, un camino de evangelización, donde la gente pueda ser
iniciada a la fe’ indicaba Kiko Argüello en esta catequesis (pág. 16 Catequesis iniciales del
CN). La respuesta estaba precisamente en la formación de pequeñas comunidades
formadas tras el anuncio del Kerygma, la Buena Noticia, que llegaran, mediante una
iniciación cristiana seria y duradera, a una fe adulta, para poder dar los signos que llaman a la fe: ‘el amor y la unidad’. Con la aparición de estas pequeñas comunidades la parroquia se transformaría en una ‘comunidad de comunidades’, término acuñado por Kiko Argüello en la catequesis: ‘ una parroquia «comunidad de comunidades», una parroquia atómica,
constituida por pequeñas comunidades cristianas, en camino de conversión, reviviendo el
Bautismo en una comunidad cristiana. Estas comunidades surgen junto con las demás
realidades de la parroquia y las enriquecen’ (pág. 26 Catequesis iniciales del CN). Más
adelante nos centraremos en esta cuestión primordial.

Para poner en valor estos arriesgados planteamientos debemos situarnos en uno de los
momentos más esperanzadores de la Iglesia Católica. Han pasado dos guerras mundiales
terribles, con millones de muertos, y la Iglesia es un referente moral que promociona la paz
y la concordia y lucha contra las injusticias y las ideologías dañinas y totalitarias. En España, tras una cruenta guerra civil con una terrible persecución religiosa, la fe católica ha
logrado salir adelante y fortalecerse. Se ha celebrado un multitudinario Concilio ecuménico y pastoral en Roma, convocado por uno de los Papas más queridos del pasado siglo: El
Concilio Vaticano II es un soplo de aire fresco que afianzará la posición de la Iglesia y de la
fe católica en Europa y América y la catapultará hacia África y Asía. Cuando en la España
de esos años el 90% de la población era fervientemente católica, las vocaciones y
seminaristas se contaban por centenares en los seminarios menores y mayores,
prácticamente el 99% de los niños eran bautizados, y todos hacían la primera comunión y
confirmación con grandes ceremonias; las Misas en las parroquias estaban llenas de fieles
de todas las edades; no había divorcio ni aborto, y la fe y la religiosidad popular
impregnaban la cultura, la vida social y política del país… hablar en las parroquias de la
necesidad de evangelizar, de los peligros de la secularización, o de la crisis de fe era una
osadía propia de unos ignorantes con aires de notoriedad e ideas catastrofistas. Vislumbrar
y entender ahora lo que sucede y dar respuestas con posibles soluciones es relativamente
fácil. Hacerlo 50 años atrás y ver lo que se avecinaba está al alcance solo de los profetas. Es por ello que la predicación de Kiko Argüello y Carmen Hernández en los primeros años no acababa de calar. La primera experiencia parroquial tras la fuerte vivencia de las barracas de Palomeras fue compleja. Nadie entendía la necesidad de convertirse y mucho menos de redescubrir el bautismo. Todos se consideraban ya cristianos que cumplían los mandamientos e iban a Misa ¿hacía falta algo más? Hoy esa parroquia está al borde del cierre, mientras que la también madrileña parroquia de la Virgen de la Paloma, que acogió la predicación con sencillez y humildad, rebosa vida y vigorosidad 50 años después. Con cerca de 20 comunidades, mil hermanos, cientos de jóvenes y decenas de vocaciones al presbiterado, la vida consagrada y familias en misión, es una parroquia donde se ejemplifica la palabra: ‘A quien acoge a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta tendrá’ (Mt. 10, 41).

Como profético fue el motivo por el que San Juan XXIII convocaba el Concilio en diciembre
de 1961 y recoge la constitución apostólica Humanae Salutis en su introducción: ‘ La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad, que traerá consigo profundas mutaciones. Un orden nuevo se está gestando, y la Iglesia tiene ante sí misiones inmensas, como en las épocas mas trágicas de la historia. Porque lo que se exige hoy de la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del Evangelio’ (núm 3). En resumen, el Papa San Juan XXIII convocaba el Concilio para preparar a la Iglesia en el futuro inmediato, y realidades como el Camino surgían, inspiradas por el Espíritu Santo, para demostrar la fecundidad de la praxis que traía la renovación del Concilio, como indicaba Kiko Argüello en su intervención durante la celebración del encuentro en Roma de nuevas realidades eclesiales y comunidades con el Papa en Pentecostés en mayo de 1998: ‘ Porque ha sido el Concilio , pensamos nosotros, la respuesta del Espíritu Santo a los desafíos del Tercer Milenio, sobre todo al desafío de la secularización’.

Tras la advertencia de los iniciadores del Camino ya a finales de los años 60 de la necesidad de abrir una pastoral en la parroquia para reforzar la fe de los bautizados y llamar a la fe a los alejados, la primera vez que se hablará propiamente desde la Santa Sede de ‘evangelización’ será unos años después con San Pablo VI en su Encíclica ‘ Evangelii
Nuntiandi ’ de 1975, a los 10 años de haberse concluido el Concilio Vaticano II, donde
igualmente alertaba sobre la urgente necesidad de evangelizar en el mundo actual:
‘ Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en
la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo.
Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora’ (num. 13). ‘Efectivamente, el anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón. Adhesión a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado, es cierto. Pero, más aún, adhesión al programa de vida —vida en realidad ya transformada— que él propone. En una palabra, adhesión al reino, es decir, al «mundo nuevo», al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. Tal adhesión, que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles. Así pues, aquellos cuya vida se ha transformado entran en una comunidad que es en sí misma signo de la transformación, signo de la novedad de vida: la Iglesia, sacramento visible de la salvación ’ (núm 23).

El Papa estaba uniendo el anuncio del Kerygma con la formación de una comunidad que,
como discípulos, se convierte igualmente con el tiempo en evangelizadora. Así la Iglesia
crece con la formación de pequeños grupos, comunidades, formadas por personas que han
recibido la Buena Noticia, la han creído, les ha transformado, y la pueden transmitir. Pero fue el Papa San Juan Pablo II durante su Pontificado el auténtico impulsor y artífice de esta ‘nueva evangelización’ dentro de la Iglesia. La primera vez que San Juan Pablo II introdujo el término ‘nueva evangelización’ en la Iglesia fue en Polonia en 1979, en el Santuario de la Santa Cruz de Mogila, en las celebraciones del milenario de la evangelización, donde dijo: ’ Donde surge la cruz, se ve la señal de que ha llegado la Buena Noticia de la salvación del hombre mediante el amor (…) Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo’ (cit. en Lineamenta , 5).

Pocos años después, en 1985, se publicaba un llamativo número de la Revista Internacional
católica de teología ‘Communio’ titulado ‘España por evangelizar’ (marzo-abril. Núm. II-85) donde más de una decena de autores analizan la situación de la Iglesia (en aquellos años todavía nada dramática) pero que daba ya signos de evidente estancamiento y contracción. Entre los autores de uno de los artículos estaba el P. Andrés Fuentes, que como párroco exponía la experiencia del Camino Neocatecumenal tras 15 años en su parroquia como modelo válido de evangelización. Los diversos autores (Joan Bestar, Eloy bueno, Alfonso Pérez, Antonio Andrés, Ramón Echarren…) coinciden en numerosos puntos, entre ellos la necesidad de vivir la fe en comunidades de creyentes que sean auténticos; ofrecer una catequesis a los alejados más kerygmática que moralista; hacer visible la eficacia sacramental; recuperar el contenido de la predicación de la Iglesia primitiva; subrayar la importancia de la Palabra en la vida cristiana; dar valor al sacerdocio común de los fieles y aumentar el valor de los laicos y su presencia en las parroquias, huyendo de clericalismos ‘directos’ o ‘invertidos’; incluso redescubrir el valor del sacramento del Bautismo, y cito textualmente: ‘Todos somos enviados como testigos de Jesucristo muerto y resucitado en virtud del común bautismo. La evangelización, que se quiere potenciar en España, debe tender en el fondo a recuperar el sentido del Bautismo (…) En este sentido saludamos la floración post-conciliar de pequeñas comunidades cristianas , que han traducido concretamente la capacidad participativa de los laicos; en esas comunidades se ha hecho patente como seglares, presbíteros y religiosos hacemos mancomunadamente un camino de fe y de servicio a los hombres (…) Deseamos que se avance en la institución de ministerios laicales (…) Estos ministerios instituidos deben abarcar no sólo el ámbito litúrgico (lectores, acólitos y ministros de la comunión) sino también el ámbito del servicio a la Palabra (catequesis, predicación), de la diaconía (asistencia social, cáritas) y de la dirección de las comunidades (Responsable, animador)’ (Consejo de redacción. Algunas propuestas para la Evangelización en España hoy ‘España por Evangelizar’ Pág. 113-114. Revista Internacional Communio. marzo-abril 1985) .

En la Encíclica ‘Redemptoris Missio’ del 7 de diciembre de 1990 sobre la validez del mandato misionero el Papa situaba la nueva evangelización como el trabajo o la misión que
la Iglesia ha recibido de Jesucristo: ‘ La Iglesia ha nacido, existe para evangelizar ; esta es
su vocación, su sentido, su gloria y su cruz ’. En la encíclica el Papa abordaba la situación
de crisis de fe que ya se veía en los países de la antigua cristiandad, donde grupos enteros
de bautizados habían perdido el sentido de su fe o se habían alejado de la Iglesia, de Cristo
y del Evangelio. ‘En este caso es necesaria una nueva evangelización’ (n. 33).

También el Papa Benedicto XVI, que creó el Pontificio Consejo para la Promoción de la
Nueva Evangelización en 2010 nombrando a Kiko Argüello, que había insistido en su
formación unos años antes, como Consultor, siguió la línea de sus predecesores
fomentando todas las vías que abrieran en las parroquias proyectos de evangelización.
Precisamente en 2009 durante su encuentro anual de Cuaresma con los párrocos de la
diócesis de Roma, pidió ‘crear espacios’ para los alejados en las parroquias. Frente a la pregunta formulada por el párroco de Santa Francesca Romana all’Ardeatino sobre cómo
afrontar el actual proceso de secularización, el Papa contestaba con varios criterios de
discernimiento: ‘hay que potenciar a la misma comunidad creyente como evangelizadora’ y
recuperando el anuncio de la Palabra: ‘ abriendo lugares de experiencia de la fe a aquellos
que buscan a Dios, es decir, recuperar la experiencia del catecumenado de la Iglesia
antigua. Este catecumenado «no era simplemente una catequesis, algo doctrinal, sino un lugar de experiencia progresiva de la vida de la fe, en la cual se abre también la Palabra, que se convierte en comprensible sólo si es interpretada por la vida, realizada por la vida’. Insitía además que los alejados no pueden incorporarse de manera repentina a la vida de la fe: ‘Uno que viene de lejos no puede inmediatamente entrar en la vida formada de una parroquia. Debemos intentar crear, con ayuda de la Palabra, lo que la Iglesia antigua creó con los catecumenados: espacios en los que empezar a vivir la Palabra, a seguir la Palabra, a hacerla comprensible y realista, correspondiente a formas de experiencia real ’. Por último en su intervención el Papa mostraba su satisfacción porque en las parroquias ‘se esté haciendo realmente este primer anuncio, que se va más allá de los límites de la comunidad fiel, de la parroquia, en búsqueda de las llamadas ovejas perdidas’ (Encuentro de Benedicto XVI con párrocos de la diócesis de Roma. Sala de las Bendiciones. 26 de febrero de 2009). Exactamente la función del Camino en la parroquia.

En resumen, frente a la duda de un párroco sobre cómo hacer frente a la secularización
actual el Papa Benedicto XVI respondía con la necesidad del anuncio de la Buena Notica, la
incorporación a un catecumenado y la formación de espacios en las parroquias para estos
alejados.

Igualmente en la Exhortación Apostólica ‘ Verbum Domini’ de septiembre de 2010 Benedicto XVI subrayaba la importancia de evangelizar también a los ya bautizados: ‘Al alba del tercer milenio, no solo hay todavía muchos pueblos que no han conocido la Buena Nueva, sino también muchos cristianos necesitados de que se les vuelva a anunciar persuasivamente la Palabra de Dios, de manera que puedan experimentar concretamente la fuerza del Evangelio. La exigencia de una nueva evangelización, tan fuertemente sentida por mi venerado predecesor, ha de ser confirmada sin temor, con la certeza de la eficacia de la Palabra divina’ (n. 96).

Poco tiempo después, el año 2012, Benedicto XVI convocaba el Sínodo para la Nueva
Evangelización, donde participó como auditor Kiko Argüello, y donde se manifestó esta
misma urgencia de llevar el anuncio del Evangelio a todas las naciones especificando que el
mayor acto de caridad que se le podía hacer a un hombre es el de anunciarle el Kerygma:
Los cambios sociales y culturales nos llaman, sin embargo, a algo nuevo: a vivir de un
modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una
evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones” (Juan Pablo II,
Discurso a la XIX Asamblea del CELAM, Port-au-Prince 9 marzo 1983, n. 3) como dijo Juan
Pablo II. Una evangelización dirigida, como nos ha recordado Benedicto XVI, “principalmente a las personas que, habiendo recibido el bautismo, se han alejado de la Iglesia y viven sin referencia alguna a la vida cristiana […], para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Señor, el único que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que lleva consigo alegría y esperanza para la vida personal, familiar y social” (Benedicto XVI, Homilía en la celebración eucarística para la solemne inauguración de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos , Roma 7 octubre 2012).

Por último, el Papa Francisco publicaba en 2013 su primera Exhortación Apostólica sobre el
Anuncio del Evangelio en el mundo actual ‘ Evangelii Gaudium ’. En ella, el Papa confirmaba
lo que los iniciadores del Camino habían propuesto 50 años antes: Pasar de una pastoral
en la parroquia únicamente de mantenimiento o conservación a una pastoral misionera, y transformar la parroquia en una ‘comunidad de comunidades’. Así lo recoge la Exhortación del Papa, utilizando los mismos términos: ‘ En esta línea, los Obispos latinoamericanos afirmaron que ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos» y que hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera» (num. 15). Y un poco más adelante: ‘La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero’ (num. 28).

Es ciertamente sorprendente que, 50 años después, el Papa utilice en su primera Exhortación para toda la Iglesia la misma terminología que los iniciadores del Camino Neocatecumenal habían empleado en sus primeras catequesis. Sin embargo no es ninguna
casualidad: Es una confirmación de que la renovación de la Iglesia, querida por el Concilio
Vaticano II, pasa inexorablemente por la vida de la fe dentro de una pequeña comunidad
que vive en una constante formación y crecimiento. Es en el seno de esa pequeña comunidad de donde van a salir innumerables frutos, entre ellos las vocaciones.

Jacob Bellido Recoder

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