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Iniciación Cristiana y Nueva Evangelización (II)

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Iniciación Cristiana y Nueva Evangelización (II)

2 – La importancia de un Catecumenado –

Este catecumenado para redescubrir el bautismo es una iniciación cristiana larga, escalonada en distintos pasos o etapas, y que se vive, en pequeñas comunidades, al estilo de la Iglesia primitiva sobre el que está inspirado. En los primeros siglos de cristianismo los adultos que querían ser cristianos debían pasar un proceso de formación serio y que duraba varios años, donde debían dar signos de conversión, necesarios para mostrar la elección que Dios hacía sobre ese candidato a recibir el bautismo. Célebre es la enseñanza de San Juan Crisóstomo a su catecúmenos donde les alentaba a hacer la virtud sin esfuerzo para poder recibir el bautismo. Los padrinos eran precisamente los garantes en la fe que lo acompañaban en ese tiempo iniciático, llevado adelante por los Obispos, ayudado por presbíteros, diáconos y fieles laicos como catequistas.

Por la época en que nació estaba dirigido fundamentalmente a gente bautizada, pero
insuficientemente catequizada. Ciertamente de niños una grandísima mayoría habían recibido el bautismo, pero este sacramento había quedado como una semilla de donde no había crecido ninguna planta, y por tanto no había aparecido ningún fruto. Este punto es
muy importante para comprender la situación actual de descristianización que estamos
viendo… Era necesario y urgente para la Iglesia el resurgir del catecumenado de los primeros siglos. No es ninguna casualidad que mientras concluía el Concilio Vaticano II que
pedía la restauración del catecumenado de adultos naciera en Madrid una realidad que ponía en la práctica esta petición que se ha revelado indispensable. De hecho el propio
Catecismo de la Iglesia Católica lo menciona de manera categórica: ‘ Por su naturaleza
misma, el Bautismo de niños exige un catecumenado postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una instrucción posterior al Bautismo, sino del desarrollo necesario de la
gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis ’
(CIC nº1231). Es sorprendente que utilice el término ‘exige’ y no ‘recomiende’ o ‘necesita’…

En este sentido podríamos concluir que la instrucción bautismal en la edad adulta debería ser un hecho obligatorio para ayudar en el crecimiento de la fe, hecho que prácticamente no sucede en ninguna parroquia del mundo. Ese es precisamente uno de los principales
motivos de la debilidad actual de la Iglesia: Se han administrado y se administran sacramentos, pero sin la fe necesaria esos sacramentos pierden fuerza y eficacia, porque
los que los reciben no tienen la conciencia de lo que significan y representan al no haber
recibido la iniciación necesaria para comprender los misterios de la fe. Y al no tener una
conciencia de que la fe es ciertamente lo primero, no una cuestión de cumplimiento de una
serie de preceptos, o la vivencia de ciertas tradiciones o valores morales, no podrá transmitirse a la siguiente generación con la fuerza necesaria.

Las referencias a la necesidad de un Catecumenado fundamentalmente dirigido a
bautizados son innumerables en las últimas décadas en la Iglesia, en Cartas, Exhortaciones, Encíclicas, Sínodos, Homilías y demás documentos oficiales de la Iglesia
universal. Recogemos algunas referencias de diversa índole según su importancia,
siguiendo el orden cronológico:

‘Cuanta alegría y cuánta esperanza nos dais con vuestra presencia y con vuestra
actividad… Vivir y promover este despertar es lo que vosotros llamáis una forma de después del bautismo que podrá renovar, en las actuales comunidades cristianas, aquellos efectos de madurez y de profundización que en la iglesia primitiva se realizaban gracias al período de preparación al bautismo’ San Pablo IV a las comunidades neocatecumenales. Audiencia general. 8 de mayo de 1974.

‘Los catecúmenos de los primeros siglos constituían una realidad muy importante en la Iglesia: yo creo que, lo que hacían ellos por la fe en aquella época, lo hacen ahora las Comunidades Neocatecumenales’ Encuentro con las comunidades neocatecumenales en la visita de San Juan Pablo II a la Parroquia de San Timoteo de Roma, 10 de febrero de 1980.

La LXX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española publicaba el 27 de noviembre de 1998 un extenso documento titulado ‘La iniciación cristiana – Reflexiones y Orientaciones para ofrecer una guía pastoral y una serie de indicaciones de cara a los Obispos y párrocos sobre cómo afrontar los nuevos retos que se vislumbraban de cara al Tercer Milenio, mediante la iniciación cristiana a adultos ya bautizados , configurada como un auténtico Catecumenado para adultos , pero que por razones diversas se hayan alejado de la fe: ‘Junto a estos adultos se encuentra otro grupo de cristianos que recibieron los tres sacramentos de la Iniciación cristiana en su infancia y adolescencia, pero que se desvincularon de la Iglesia durante un largo tiempo. En importantes documentos de la Iglesia se ha subrayado la necesidad de evangelizar de nuevo a los bautizados de las viejas Iglesias de Europa. También entre nosotros se ha insistido, en los programas pastorales de la Conferencia Episcopal y de algunos de sus organismos, en la necesidad de un anuncio misionero que introduzca a estos alejados en un proceso de «reiniciación» cristiana. Para atender convenientemente esta doble urgencia misionera es necesario plantear un «itinerario de Iniciación cristiana de adultos bautizados» o, si se prefiere, un itinerario de neocatecumenado’ (nº 125)

Al finalizar este apartado, la Conferencia Episcopal Española hacía referencia a las diversas
iniciativas que habían surgido a lo largo de los años para apoyar y llevar a término una iniciación cristiana de manera particular, destacando como una de las más importantes
precisamente el Camino Neocatecumenal. He aquí la referencia que realiza el documento
de manera explícita y que implica un doble reconocimiento: por un lado como una iniciación válida según el criterio señalado por la propia Conferencia Episcopal para desarrollar hoy en las parroquias y por otro un instrumento al servicio de los Obispos, bajo su guía y discernimiento pastoral, como siempre han defendido los iniciadores del Camino: Entre las iniciativas más notables y difundidas sobresalen el «Camino Neocatecumenal» y los procesos de formación cristiana que tienen algunos movimientos apostólicos y comunidades eclesiales (nº 126).

El documento conclusivo de Aparecida , durante la 5ª conferencia general del CELAM en
mayo de 2007 ya expresaba la necesidad de configurar un Catecumenado post-bautismal
para hacer frente a la realidad de muchos de los creyentes de latinoamérica: ‘Son muchos
los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los
sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana, este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable’ (Documento conclusivo Aparecida. Num. 286).

La realidad que están viendo actualmente los Obispos del CELAM es exactamente la misma
realidad que veían algunos de los Obispos de Europa hace más de 40 años: Grandes masas de bautizados que abandonan progresivamente la fe. Frente a esta situación de descristianización que empiezan a padecer ellos mismos proponen la respuesta: ‘Sentimos
la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida
cristiana que comience por el kerygma , guiado por la Palabra de Dios, que conduzca a un encuentro personal, cada vez mayor, con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, experimentado como plenitud de la humanidad, y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión’ (núm. 289). ‘La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables : iniciar en la vida cristiana los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados (núm. 293) ‘La catequesis no debe ser sólo ocasional, reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana, sino más bien “un itinerario catequético permanente”’ (núm 298) ‘La catequesis no puede limitarse a una formación meramente doctrinal sino que ha de ser una verdadera escuela de formación integral . Por tanto, se ha de cultivar la amistad con Cristo en la oración, el aprecio por la celebración litúrgica, la vivencia comunitaria , el compromiso apostólico mediante un permanente servicio a los demás’ (núm. 299)

Por otra parte, el Directorio para la Catequesis de 2020 promulgado por el Pontificio
Consejo para la Nueva Evangelización, que traza las líneas oficiales de la Iglesia y sus
orientaciones para el desarrollo del Anuncio de la Buena Noticia dentro de la Iglesia. Las
referencias a la importancia de la predicación Kerygmática y del Catecumenado son
especialmente abundantes. Recogemos algunas de ellas:

-’la catequesis «persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al
verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la
persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo’ (Presentación del Directorio.
Referencia a la Catechesis Tradendae de S. Juan Pablo II nº 19)

-’ Esfuércense en aprovechar la variedad de medios que hay en estos tiempos para anunciar la doctrina cristiana, sobre todo la predicación y la formación catequética , que ocupa siempre el primer lugar […] Vigilen atentamente que se dé con todo cuidado a los niños, adolescentes, jóvenes e incluso a los adultos (…) Esfuércense también en restablecer o mejorar la instrucción de los catecúmenos adultos’ (CD 13-14).

Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor (…) La primacía del kerygma, que nos lleva a proponer una catequesis kerygmática, no le quita nada al valor de la mistagogía, ni al testimonio de la caridad.

Posteriormente, a lo largo del documento se van desarrollando todos estos conceptos para
llevarlos a la práctica. A partir del nº. 31 (pág. 29) se habla del ‘proceso de evangelización ’ que no es más que la definición de lo que represente la praxis Camino Neocatecumenal, como un proceso por etapas para ir creciendo y madurando en la fe: ‘La evangelización es un proceso , por el que la Iglesia, movida por el Espíritu Santo anuncia el Evangelio que se difunde por todo el mundo’ (…) proclama abiertamente el Evangelio mediante el primer anuncio, llamando a la conversión; inicia en la fe y en la vida cristiana, mediante el itinerario catecumenal. Mediante una educación permanente de la fe, la celebración de los sacramentos y el ejercicio de la caridad alimentan en los fieles el don de la comunión y despiertan la misión , enviando a todos los discípulos de Cristo a anunciar el Evangelio con obras y palabras (…) La evangelización comprende varias etapas y momentos que pueden repetirse si es necesario, con el fin de dar el alimento evangélico más adecuado al crecimiento espiritual de cada persona o comunidad. Debe tenerse en cuenta que esos momentos no son solamente etapas sucesivas, una después de otra, sino, ante todo, dimensiones de un proceso’ (núm. 32)

Más adelante, respecto al Catecumenado, señala que éste era el proceso propio para la
gestación a la fe de los que querían recibir el bautismo en la Iglesia primitiva: ‘El
catecumenado es una antigua práctica eclesial, recuperada después del Concilio Vaticano II
(Cf. SC 64-66; CD 14; AG 14), ofrecida a los conversos no bautizados’ pero señala
igualmente su importancia y validez para este crecimiento en la fe de aquellos bautizados
en los que el Bautismo no ha adquirido una dimensión de fe adulta: ‘Precisamente por su
carácter misionero, el catecumenado también puede inspirar la catequesis de aquellos que, a pesar de haber ya recibido el don de la gracia bautismal, no disfrutan efectivamente de su riqueza: en este sentido, se habla de la inspiración catecumenal de la catequesis o catecumenado postbautismal o catequesis de iniciación a la vida cristiana’ (Núm. 61).

Por último afirma que este Catecumenado es necesario vivirlo en comunidad para que
pueda adquirir toda su fuerza y riqueza: ‘el catecumenado es un proceso que se realiza en una comunidad concreta, que hace experiencia de la comunión dada por Dios y, por tanto, es consciente de su responsabilidad de anunciar la fe’ (Núm. 64, apartado d).

Jacob Bellido Recoder