Un gran puente de madera se extendía hasta unos enormes troncos que sostenían una
bulliciosa ciudad de hombres. Allí se habían conocido guerras y hazañas que ahora eran sólo una leyenda.

Los hombres poco recordaban de todo aquello aunque algunos cantaban viejas canciones, que Thor y Thorin volverían un día y que el oro correría en ríos por las compuertas de la montaña y que en todo aquel país se oirían canciones nuevas y risas nuevas.

Pero esta agradable leyenda no afectaba mucho a los asuntos cotidianos de los hombres.

Nos faltaba por meditar uno de los novísimos: el juicio.

La historia humana tal y como la conocemos, tiene principio y fin. Comienza en el Génesis y acaba en el Juicio final.

Dice el Papa Francisco: «A menudo se olvidan estos dos polos de la historia, y sobre todo, la fe en el retorno de Cristo y en el juicio final a veces no es tan clara y firme en el corazón de los cristianos.»

Jesús nos avisó de esta tendencia del hombre a olvidar en la parábola de las diez vírgenes:
cinco de ellas se durmieron esperando al novio.

Es este un tiempo precioso de vigilia, de espera, con el corazón ardiente. Pero la espera no es inactividad.

En la parábola de los talentos se indica qué debemos hacer mientras esperamos: gestionar los dones que nos han sido dados.

Su fruto no es para nosotros, sino para la gloria de la Iglesia. Los dones son para la Iglesia, si me saco un título universitario es para ponerlo al servicio de la Iglesia (además de usarlo para ganarme el sustento). Si canto bien o dibujo, o cocino bien, es para lo mismo.

No poner nunca nuestros dones al servicio de la Iglesia equivale a enterrarlos, cuando, la
Iglesia, es el banco que genera intereses.

No es el juicio lo que debemos tener sino nuestra falta de diligencia de fe y de generosidad
para un Señor tan bueno que tanto confía en nosotros.

Cuando el Señor vuelva, lo hará en gloria y majestad, será un día de alegría, su misericordia se derramará y correrá entre los que lo esperan con ardiente corazón, pero…

¿Encontrará fe en la tierra? ¿Estaremos vivos y florecientes o muertos a la fe y secos?
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Bilbo soltó un barril y lo empujó hasta la orilla donde lo abrió:
-¿Estás vivo o muerto?- preguntó.
-¿Estás todavía preso o libre?

Thorin después de unos quejidos se incorporó y ayudó al hobbit lo mejor que pudo.

Estaban tan doloridos ,entumecidos y empapados que apenas alcanzaban a darse cuenta que habían sido liberados o de que había razones para mostrarse agradecidos. Bifor y Bofur
estaban más secos pero permanecían tumbados y no hacían nada.

Fili y Kili, sin embargo, emergieron casi sonrientes.

El sábado (sabath) es un día para hacer una parada y reflexionar ante un texto del evangelio. El de esta semana es éste:

«Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?»
Pero él le respondió: «Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto, cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.»» (Lc 13, 6-9)

El trabajo para hoy será meditar el regreso del Señor y mi actitud actual, tras esta semana de cuaresma. ¿Estoy seco? ¿Estoy colaborando con el Señor? ¿Estoy a su servicio?

¡Bien! ¡Aquí estamos!- dijo Thorin- todos a vuestro servicio una vez más, señor Bolsón. Nos
sentiremos debidamente agradecidos cuando nos recuperemos. ¿Qué hacemos mientras
tanto?

C. Hoyos

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