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Una aventura de Cuaresma: Bilbo es arrastrado por la corriente

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Una aventura de Cuaresma: Bilbo es arrastrado por la corriente

Un día mientras curioseaba y deambulaba, Bilbo descubrió algo muy interesante: los grandes portones no eran la única entrada a las cavernas. Un arroyo corría por debajo del palacio. En la ladera de la colina donde nacía este curso subterráneo, había una compuerta.

Mucha gente iba y venía por la compuerta. Por ese camino, un túnel oscuro se adentraba en el corazón de la colina. Pero debajo de las cavernas, en cierto sitio, el techo había sido horadado y tapado con grandes escotillas que comunicaban con las bodegas del rey.

Cuando los barriles estaban vacíos, los elfos los arrojaban a través de las escotillas y flotaban fuera en el arroyo. Bilbo siguió a dos elfos hasta una bodega. Se sentaron, empezaron a beber y a reír alegremente. Muy pronto el guardia inclinó la cabeza. El mayordomo cayó dormido.

El Hobbit se escurrió y, en un momento, el guardia ya no tenía las llaves. Primero liberó a Balín y luego fueron de puerta en puerta. Pronto encontraron trece cubas con espacio suficiente para un enano en cada una.

Llegó un sonido de voces. Algunos elfos venían charlando y cantando.

Cantaban mientras primero uno, y luego otro, los barriles bajaban retumbando a la oscura
abertura y eran empujados a las aguas frías que corrían unos pies más abajo. ¡Ya el último
barril iba rodando! Bilbo se aferró y fue empujado. Cayó abajo en el agua fría y oscura.

En la visión de Ezequiel se nos habla de un río que corre bajo un umbral: «Me llevó a la
entrada de la Casa, y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua, en dirección a
oriente… El agua bajaba de debajo del lado derecho de la Casa, al sur del altar.» (Ez 47,1)
Aunque pone lado, también se traduce por «costado». Es esta visión una alegoría del costado abierto de Cristo, del que brota sangre y agua Dice el cántico de Isaías: » y sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación» (Is 12,3).

El Corazón de Cristo es fuente del Amor misericordioso, que se derrama para nuestra
salvación. Cristo nos abre su Corazón, pero para que ese Agua Viva llegue a nosotros,
tenemos que dejar que «se nos abra» el corazón. Cómo hizo Él.

Y muchas veces ese «abrirse el corazón» es dejarse herir por amor. Amar hasta que duela
decía la madre Teresa de Calcuta. Si cierro mi corazón para no ser herido, la corriente no
entrará y tampoco saldrá.

¿Mi corazón ha sido traspasado? ¿Está abierto para recibir el Agua Viva del Espíritu Santo y
que brote a otros como una fuente? ¿O está cerrado? Si está abierto…

¿Soy dócil? ¿Me dejo llevar por la corrientes de agua viva?
Espacio para añadir comentarios si queréis ______________________________________________________________________
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La corriente arremolinada arrastró varios barriles hasta una ribera. Bilbo aprovechó para trepar por el costado del barril y se tendió arriba.

Los barriles quedaron libres y dieron vueltas río abajo. El Señor Bolsón llegó por fin a un lugar donde los árboles raleaban a ambos lados.

Habían escapado de las mazmorras del Rey y habían atravesado el bosque, pero si vivos o
muertos aún estaba por verse.

El trabajo para hoy consistirá en echar la vista atrás, al camino recorrido en esta cuaresma y comprobar si está dando frutos de salvación. Este es un tiempo de misericordia que está
siendo derramado. Aprovechemos ese agua.

El río del Bosque se precipitó en el Lago Largo. Bilbo nunca había imaginado que pudiera
haber una extensión de agua tan enorme. En el aire tranquilo del anochecer el ruido de las
cascadas resonaba como un bramido distante.

C. Hoyos