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Él conduce y yo disfruto de las vistas

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Él conduce y yo disfruto de las vistas

¡Hola! Soy Paula, tengo 18 años, y mi testimonio se resume en: Él conduce, y yo simplemente disfruto de las vistas.

Si echo la vista atrás, Dios siempre ha tenido muchísima dedicación y generosidad conmigo. En mi vida no hay cambios drásticos o un momento clave de conversión en el que todo haya dado un giro completo, como el de esas personas que del día a la mañana Dios aparece en su vida. Soy tan afortunada que nunca ha permitido que me aleje hasta ese punto de Él.

Su acción en mí ha sido progresiva, mostrándome su Amor poco a poco en distintos encuentros a lo largo de los años.

Con muchísima delicadeza en cada encuentro me ha ido mostrando lo enamorado que está de mí, y ha puesto en mí el deseo de darle más, sin exigencias o metas inalcanzables, sino con ternura y paciencia, habiéndose encargado Él de prepararme antes para dar ese nuevo paso.

Él se ha ocupado siempre de todo.

Me hizo nacer en una familia cristiana, y desde muy pequeña hasta día de hoy, me ha ido regalando amistades completamente Suyas.

Gracias a ellos, Dios ha ido entrando cada vez más en mi vida. Son los preciosos instrumentos que ha usado para llevarme a Él.

Si pienso en mi infancia, el mejor momento del año siempre eran los campamentos de verano parroquiales, y fue justo en uno, donde tuve mi primer encuentro fuerte e íntimo con Jesús. En aquella hora santa del mes de julio de 2016, hizo pasar mi vida por delante mis ojos, y vi cómo Él había estado en cada momento conmigo, me conocía hasta lo más profundo, y lo único que sentía hacia mí era amor, un amor indescriptible.

Años después, en 2018 en una peregrinación de verano visitamos el Santuario de Lourdes. Mi relación con la Virgen hasta ese momento era nula, las tres avemarías de las noches y ya. Al llegar allí, no sé cómo explicar lo que pasó, no pude parar de llorar de felicidad. Me llenó de su amor, ternura, calor, alegría… Tuvimos de golpe todos los momentos madre-hija que yo no le había dedicado durante los años anteriores.

Como os he dicho al principio, todo ha sido muy progresivo, y estos dos encuentros que os he contado son quizá, junto con mi Seminario de Vida en el Espíritu, los momentos donde estableció las bases para prepararme para todo lo que estoy viviendo ahora.

Y es que, siempre he sido una chica alegre, pero en esta última etapa de mi vida, soy tan, tan, TAN feliz. Estoy en un permanente estado de felicidad y enamoramiento de Él, yo lo llamo estar en «la nube». No es que no tenga los pies en el suelo, o que no sea realista. Claro que hay días objetivamente malos, y días en los que el demonio consigue robarme más tiempo de lo normal. Pero la nube en la que Dios me ha puesto es superior a eso. ¿Sabes cuando estás pasando una muy mala racha, e incluso cuando estás llorando de la risa o en un momento alegre, en tu pecho notas un vacío, una tristeza que no se va? Pues así pero al contrario. Tengo en mi pecho una felicidad y paz permanentes, desbordantes, una Felicidad en mayúscula, a Él.

Y no hay ninguna oración enrevesada o esfuerzo intelectual que haga para mantenerlo, no. Lo más fuerte de todo es que es totalmente gratis. Lo único que hago es intentar corresponder a su Amor, dejándolo todo en sus manos, pues Él siempre sabe lo que hace, e incluso cuando me salgo de sus planes, aprovecha mis errores para acercarme a Él, no deja escapar ninguna oportunidad para hacerme Suya=Feliz. Él ha hecho que desee ser suya en cada momento. ¿Cómo no iba a desearlo si estar Juntos me hace desbordantemente feliz? Él le da sentido a todo lo que me pasa, y un sentido precioso.

Es que el simple hecho de pensar que cada vez que he llorado de felicidad teniéndole delante en la Custodia, es una milésima parte de lo que será el Cielo, me pone los pelos de punta.

Y esta Felicidad que yo soy tan privilegiada de recibir, la encuentro en mi rutina. Al despertarme le ofrezco mi día por algún motivo, y así pase lo que pase a lo largo de las horas, todo merecerá la pena, Él le dará sentido. Luego, en uno o varios momentos del día cojo mi cuaderno espiritual y charlamos un rato, es el mejor momento del día. Da igual de qué hablemos, Él siempre responde, me hace ver mi situación con Sus ojos, me envía su Espíritu. Noto muchísimo si paso un día sin escribirle, es como si estás un día entero sin pararte a hablar con tu mejor amiga, se enfría la relación. Y la pieza clave de todo, es lo que me regala a través de su Santa y Preciosa Iglesia. Primero, los sacramentos: ir a misa todos los días que puedo y abrazarle fuerte después de comulgar, además de confesarme con frecuencia. Y segundo: compartir mis ratos con Él en grupo: la oración de jóvenes, las oraciones de alabanza, el turno de adoración, quedadas con el grupo de jóvenes, reunirnos a leer la Biblia, quedar con mi mejor amiga a ver el atardecer mientras le cantamos…

Gracias a todos esos ratos juntos, soy capaz de ver cómo se pasa todo el día dándome miles de pequeños regalos para sacarme una sonrisa. Y yo lo único que hago es disfrutar de ellos, totalmente gratis. Él me lleva a donde quiera, y yo disfruto de las vistas. Lo único que tengo que hacer es no bajarme del coche.

Paula Luna de Toledo León