Hola a todos y a todas,

Humildemente hoy vengo a hablaros sobre el matrimonio desde una perspectiva joven y cristiana. Antes de nada, debemos reflexionar sobre cuál fue el propósito de Dios para el matrimonio. Dios creó al hombre y a la mujer a semejanza suya y, así, dispuso que compartieran la vida en amor.

Este matrimonio no se forma para la felicidad de los esposos sino para la gloria de nuestro Señor. Él nos ha enseñado a amarnos los unos a los otros, nos ha enseñado el verdadero significado del AMOR. Él se entregó por todos nosotros. Lo que lees: por TI, POR MÍ, POR TODOS. Su amor es tan grande y tan puro que no nos pide nada a cambio, sino que se da a nosotros.

Normalmente, cada uno de nosotros piensa en sí mismo, en sus necesidades, deseos, en darse el gusto en lo que queremos. Pero en el matrimonio, Dios nos ha hecho “uno” y debemos aprender a pensar como tal. Debemos pensar en plural en nuestras necesidades, nuestros deseos, en cómo cuidar a nuestra pareja de vida. Entregarse, así, a la otra persona al cien por cien.

Esa entrega al otro, ese amor que sentimos hacia la otra persona no se encuentra en ella, sino en Dios mismo. La pareja se reconoce y siente el amor que Dios les tiene y eso nos permite a nosotros amar al resto e incluso en situaciones extremadamente difíciles. Pero, si Dios me ama en todas las circunstancias, ¿quién soy yo para no perdonar o no amar al resto?

Por este motivo, sin Jesús, el matrimonio no tiene sentido para un católico, ya que es nuestro sustento diario. Los creyentes no somos personas perfectas y eso nos hace cometer errores pero Dios es tan misericordioso que nos levanta una y mil veces para que nosotros sigamos. Y esto es lo que hace Dios con un matrimonio, ayudarles avanzar, a mejorar como pareja y ser mejores juntos.

Os animo a dejar vuestra vida, por completo, en manos de Dios. De verdad que no os vais arrepentir, porque lo que él tiene preparado para vosotros es brutal. No lo olvidéis jamás: eres su hijo o hija amada. Y te ama sobre todas las cosas.

Ojalá encontremos un amor tan puro como el que Dios nos tiene a nosotros.

Ana Obiol

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