domingo, octubre 17, 2021
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El valor extraordinario de la Fe. Testimonio de Rodrigo

Me llamo Rodrigo, tengo 16 años y estudio primero de bachillerato. Soy el más pequeño de una familia de cuatro, con raíces cristianas muy consolidadas por el ambiente que vivo en mi familia y también por el ambiente en el que estoy desde que tengo tres años, el ambiente salesiano. En él participo de distintas formas.

El carisma salesiano se caracteriza por poner siempre en el centro de todo la alegría, a Dios y a la Virgen María Auxiliadora. Ha sido en este ambiente donde he tenido mis primeros acercamientos a Dios, sobre todo en los campamentos del Centro Juvenil as los que voy cada verano, en los que siempre tengo momentos para rezar, reflexionar, para divertirme con mis amigos… Reflejo a gran escala de lo que hacemos en las reuniones cada fin de semana. También he tenido encuentros con Dios con el grupo de teatro del colegio, del que tengo que destacar la unión que se genera entre actores, actrices, equipo de luces,… Un momento en el que se ve reflejada esta unión es justo antes de empezar cada función cuando rezamos un Ave María para pedirle a la Virgen que la función salga de la mejor manera posible.

Además de esto, soy una persona a la que le gusta, entre otras cosas, jugar al balonmano, cantar, tocar la guitarra y salir con mis amigos, aunque ahora casi no se pueda. Gracias a practicar balonmano he podido conocer gente que vive en ambientes muy distintos a los míos, gente que no cree, gente que le es indiferente si Dios existe o no, incluso gente que de primeras te rechaza o se mete contigo al enterarse de que eres creyente. Al estar en estos nuevos ambientes, con gente que a veces es completamente opuesta a mi forma de pensar y de ver la vida, hay veces que me surge miedo. Miedo al qué pensarán si les digo que creo en Dios, miedo al qué dirán a otras personas sobre mí… Porque, seamos sinceros, en una sociedad como la actual no está bien visto tener fe, y mucho menos ser cristiano o llevar una cruz colgada en el pecho. En estas situaciones, normalmente, se me vienen a la cabeza dos cosas: una frase de una canción que dice: “Y si el mundo se acobarda, nosotros no callaremos”, que me ayuda a darme cuenta de que tengo que mostrar mis ideas y convicciones sin que me importe lo que piensen los demás; y las personas que tienen que ocultar su fe porque son perseguidas, que pensar en ellas me hace ver lo afortunado que soy por vivir en un país en el que no me amenazan por ser cristiano.

El no querer callarme y silenciar mis ideas me lleva a ayudar, cuando puedo, en asociaciones como Redmadre, que defiende la vida por encima de todo y ofrecen alternativas al aborto a mujeres que se enfrentan a embarazos inesperados.

A Dios le doy gracias por la familia que me ha dado, por la cantidad de primos que tengo y por poder compartir mi vida con ellos. Además, le doy gracias por mi hermano, que es y será un referente y un modelo a seguir para mí. También le doy gracias por mis amigos, que son una parte muy importante de mi vida y le doy las gracias por las piedras que hay en mi camino que, aunque no me las tomo de buena manera, me ayudan a crecer y a mejorar como persona. Por último, le quiero dar gracias por poder vivir la fe, que en sí ya es algo extraordinario.

Rodrigo Román Martínez

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