Dios puso a prueba a Abraham: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moriá, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré».

Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?».

«Dios proveerá el cordero para el holocausto» respondió Abraham.

Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.

Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo. Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único».

Al igual que comentábamos en el pasaje de la semana pasada, tres ideas pueden sacarse de esta continuación del Génesis:

En primer lugar; nuestra fe en muchas ocasiones es débil, nos falta fe. Ojalá tuviésemos la fe de Abraham, una fe que a vista de lo leído es inquebrantable. No duda en ofrecer a su hijo en sacrificio por amor a Dios. Es muy común que haya momentos en la vida donde vemos nuestra fe maltrecha. En muchas ocasiones también creemos justo lo contrario, que nuestra fe es inquebrantable, dura, y que resistirá cualquier cosa. Bastan varias tribulaciones para mostrarnos la realidad, el ser humano es débil por naturaleza y cuando debe afrontar situaciones muy difíciles, en no pocas ocasiones se ve abatido, pierde de vista a Jesús; haciendo justo lo contrario de lo que debe hacer para felicidad de su alma.

En segundo lugar, a todas las personas debe llegarles la prueba, el momento de ser probado por Dios. Quien mucha fe aparenta, grande será la prueba. Para este caso, a Abraham se le pide que entregue a su hijo Isaac. A todos en la vida nos llega la hora en la que somos probados por Dios; Él ya sabe el resultado de la prueba, pero es igualmente necesaria para muchas razones: fortalecimiento, humildad, crecimiento del espíritu… Es de vital importancia saber agradecer esta prueba; no solamente agradecer en momentos de luz y felicidad, si no también en estos momentos de ser probados pues en ellos se agranda la fortaleza del Espíritu. Como todos hemos leído: “la prueba produce paciencia, y la paciencia esperanza”.

En último lugar, el Señor nos rescata de todo. Vemos como a última hora, antes de que Abraham vaya a entregarse del todo, lo más preciado, lo más valorado que tiene en su vida terrenal, el Señor lo detiene. Una vez es puesto a prueba, y el Señor ha comprobado la fortaleza de su fe, y su fidelidad, decide rescatarlo y evitar que realice el holocausto. Igual sucede en nuestra vida diaria; en ocasiones debemos pasar por una prueba, y una vez que Dios ve nuestra fidelidad, de pronto, todo vuelve a la normalidad.

Carlos García Moreno

Artículo anteriorEl P. Ángel Camino narra su experiencia con Teresita
Artículo siguiente¿Invitarías a Jesús a tu boda?