Queridos amigos, lectores, compañeros; hermanos queridos todos. Como siempre que os escribo, en el segundo martes de cada mes os mando un abrazo muy fuerte.

Nos encontramos actualmente en el ecuador de la Cuaresma; a mitad de camino de la Semana Santa. La Cuaresma ha sido siempre una época de ayuno, limosna y oración.

Ayuno, no solamente ayuno de alimento (que también), si no ayuno de todo lo que nos aleja día a día de Dios. Las redes sociales, los smartphone, la crítica, el pecado. Ayunar de todo lo que nos aleja del Señor nos hace más felices, nos acerca a Él.

Esto no puede entenderse sin la Oración, la clave de toda vida cristiana. En esta época, Jesús se encuentra en el desierto, apartado, rezando. Y fijaos en lo que dice en su primera tentación: “No solo de pan vive el hombre si no también de la Palabra que sale de la boca de Dios”. No podemos vivir sin Dios, es un hecho innegable; no podemos vivir solo de “pan”, si no que necesitamos a Jesús en todos y cada uno de nuestros momentos. Orar y meditar la Palabra en este tiempo se convierte en algo crucial para cambiar el corazón, para renovarlo en esta época.

Y en último lugar esta la limosna; aparte de la caridad como siempre la concebimos, debemos hacer caridad con todo. Sonriendo aun sin tener ganas, consolando aun estando nosotros mal; teniendo buenas palabras con todo el mundo, etc.

Pido queridos amigos que en esta Cuaresma ojalá todos podamos poner esto en práctica, nadie dice que sea sencillo, seguir a Cristo no lo es, pero merece increíblemente la pena. Pero, ¡Que os voy a contar!. Pido que nos adentremos durante el resto de este tiempo en el desierto junto a Jesús, y que sepamos resistir la tentación, con el objetivo de reparar con su ayuda nuestro corazón y que vuelva a ser de carne.

Carlos García Moreno

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