-¿Quién cruzará primero?-preguntó Bilbo

-Yo-dijo Thorin.- y tú vendrás conmigo.

-Soy siempre el último y no me gusta.-dijo Bombur.

-No empieces a quejarte de las órdenes o lo pasarás mal.

De este modo estuvieron todos a salvo en la orilla opuesta al borde del arroyo encantado.
De repente de la lobreguez, salió un ciervo volador. Thorin disparó rápido contra la bestia, que se derrumbó al llegar a la otra orilla.

Un horrible gemido de Bilbo hizo que todos olvidarán la carne del venado.

-¡Bombur ha caído!¡Bombur se ahoga!-gritó.

Le echaron rápidamente una cuerda con un gancho. La mano de Bombur aferró la cuerda.
Cuando lo depositaron en tierra seca ya estaba profundamente dormido , y profundamente
dormido quedó, a pesar de todo lo que le hicieron.

Estuvieron sentados durante largo rato, no atreviéndose a moverse. Bombur seguía durmiendo con una sonrisa en la cara redonda, como si todos aquellos problemas ya no le preocuparan.

Otra meditación de los Novísimos, es la muerte.

La Biblia iguala la muerte al dormir: «el hombre muere y yace inerte, como un río se agota y se seca, así el hombre yace y no se levanta; hasta que los cielos ya no existan no se despertará de su sueño.(Job 14,10-12)

El mismo Jesús dice que ni la hija de Jairo ni Lázaro están muertos, sino dormidos.
«Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.» (Jn 11,11)

Es este «dormir» de la muerte el seno de la esperanza. Tarde o temprano el que duerme se
despierta.

Dice Fray Luis de Granada que el justo no teme a la muerte, porque la muerte no es muerte, sino sueño. Un sueño bien merecido para toda una vida de trabajos, no podría haber elegido el Señor una imagen más bella para prepararnos a encontrarnos con él. Un cerrar y abrir de ojos.

Quizás la manera de enfrentarnos a la muerte sea soñar más con el cielo.

Una vez me preguntaron si tenía miedo a morir, a ver lo que había detrás de la puerta.
Les contesté que he meditado tanto en la muerte que para mí la puerta es transparente.
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Bombur se despertó de pronto y se sentó rascándose la cabeza.

-¿Por qué habré despertado?- sollozaba. Tenía unos sueños tan maravillosos. Soñé que
caminaba por un bosque, alumbrado por lámparas que se balanceaban en las ramas y
hogueras en el suelo.

Y se celebraba una gran fiesta, que no terminaría nunca. Un rey del bosque estaba allí,
coronado de hojas y se oían alegres canciones, y no podía contar ni describir todo lo que había para comer y beber.

El trabajo para hoy será conocer mucho más a las personas con las que suelo coincidir, al ir a comprar, al ir al misa, de las que casi no conozco nada. Esas personas algún día faltarán; y quizás pueda dejarles un buen recuerdo que se lleven de mi al cielo.

¿Qué es eso? ¿Creí ver un destello de luz entre los árboles?

Unas antorchas y hogueras ardían bajo los árboles.

-Parece como si mis sueños se hicieran realidad – dijo Bombur.

C. Hoyos

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