lunes, octubre 18, 2021
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La santidad a la vuelta de la esquina. Testimonio de Magdalena Díaz

Cuando era chica siempre cantaba una canción que se llamaba “quiero ser santo” mi sueño era ser santa y llegar al Cielo.

Holaa mi nombre es Magdalena Díaz, tengo 18 años, y soy de Chile.

Hace un tiempo estaba hablando con una amiga y surgió el tema de la santidad, ella me decía lo mucho que quería ir al cielo, que iba a luchar por alcanzar esa meta, pero yo pensaba que difícil, ¿cómo lo va a hacer? Va a estar todo el día rezando, que lata. Hasta que me di cuenta que nada que ver. La santidad está a la vuelta de la esquina, cada minuto del día es una oportunidad para ganarme ese lugarcito en el Cielo. Hay mil maneras de encontrar la santidad, solo basta con poner un poco de amor en las cosas que hacemos en nuestro día a día; levantarme cuando suena la alarma, hacer mi cama, ordenar mi pieza, estudiar, comerme toda la comida, lavarme los dientes, etc., etc., etc.

Se pueden estar preguntando ¿pero cómo voy a poner amor en lavarme los dientes? La respuesta es fácil, cada vez que te laves los dientes aprovecha de rezar por esa persona que te lo pidió, de ofrecer tu día, de pedir, de agradecer, si quieres ponle un pedazo de hilo amarrado en el mango del cepillo para que te acuerdes, y listo.

Nos pasa que decimos “ya me la voy a jugar, voy con todo” y un tiempo después, wateamos, hasta ahí llegamos, se acabó, pasan unos días y empezamos a recomenzar, hasta que de nuevo, chao, no me la juego más. Todos wateamos 1583 veces en la vida, pero lo importante es volver a empezar, y jugársela, porque quien se la juega, afronta las caídas con Dios.

Sonreír, ofrecer, agradecer, pedir perdón y perdonar, son las claves para alcanzar la santidad en nuestra vida cotidiana.

En mi casa cuando no nos queríamos comer la comida nos decían “una cucharadita por el papá, otra por la mamá….” y por todas las personas que conocía en ese entonces. Si no me comía esa cucharadita por esa persona, pensaba que le podía pasar algo, entonces me lo comía todo. Cada cucharadita puede valer muchísimo, y las podemos ofrecer por una infinidad de cosas.

Me encanta pensar que una sonrisa o un saludo, puede cambiar la vida de las personas. En mi país es muy raro ver que alguien te salude en la calle si no lo conoces. Cuando uno saluda te miran como si fueras una persona rara, y tal vez por eso nadie saluda. Es muy bacan cuando me saludan, después de eso estoy todo el día feliz, me preguntan ¿por qué tan feliz?  y les respondo, nada, me saludaron en la calle, algo tan simple como un saludo, me motiva a más, a jugármela por sonreír más, por escuchar más, por querer hacer santos a los demás, a querer estar más cerca de Jesús y a quererlo muchísimo más, a tener ganas de hablar con Él, a agradecerle por esa persona que me sonrío, a querer dar lo mejor de mi cada día, y sobre todo a confiar más en Él.

¿Para qué vamos a ser buenos si podemos ser santos y hacer santos a los demás?

Magdalena Díaz

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