Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.  Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

No encuentro mejor pasaje para abrir esta nueva sección de Estudio Bíblico, que el libro del Génesis. Haciendo una lectura de los primeros versículos del mismo, se nos narra como transcurre la creación. Lógicamente (y en contra de lo que muchos creen), el Génesis no es un libro descriptivo como puede serlo una enciclopedia; no debe ser entendido así. La parte creacionista del Génesis centra su desarrollo en 3 puntos bien diferenciados: Dios es el motor de toda vida; el Hombre es el centro de la Creación; Todo lo que Dios ha creado es bueno.

Decimos que Dios es el motor de toda vida porque, todo viene de Él. Es el Alfa y el Omega, nada puede existir si no es mediante Dios. Destaca además que en el Génesis ya se revela lo que es el misterio de la Santísima Trinidad (“Hagamos al hombre…”). Aristóteles apuntaría bien siglos después que, “todo lo que se mueve, es movido por algo mayor”, así hasta llegar al “motor principal”, que es Dios, aliento de vida de todo lo creado.

También, decimos que el Hombre es el centro de toda la Creación. La Persona es el último de los Seres creados por el Señor, y el más amado. Como leía hace poco tiempo, “ni todo el conjunto del universo en todo su esplendor se compara en un 1% al amor que siente Dios por todas y cada una de las personas”. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que, si solo existiese un hombre en la Tierra, sería infinitamente más amado por Dios que el conjunto de todo el universo. Todo este amor se personifica en Cristo, que en palabras de San Pablo: “este es el plan, recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y la tierra”. Y en palabras también del propio Credo: “por Cristo, por quien todo fue hecho”. Jesucristo siendo Dios, representa también siendo hombre, el centro de toda la creación; prueba de que, el hombre es en sí mismo la parte esencial de la Creación.

En último lugar, decimos que todo lo que Dios ha creado es bueno. La razón es sencilla, Él es la perfección y todo lo que hace es bueno. Todas las cosas que ha creado provienen de su amor y ello ya lo hace bueno en sí mismo. Cuestión distinta es que el Hombre de un mal uso a los dones otorgados por Dios. Cuando el egoísmo humano supera a su razón, es entonces cuando se da un mal uso de los dones; sin que llegue ello a convertirlo en malo.
Sin embargo, Dios se sirve de su amor y de la libertad dada a los hombres para hacer lo mejor en la vida de cada uno; y eso sin duda es, uno de los mayores regalos que hemos podido recibir; ¡que nunca nos falte la bondad de Dios!.

Carlos García Moreno.

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