Antes de empezar a leer párate un segundo y piensa en tu día a día. ¿Cómo te sientes? ¿Estás nervioso y vas acelerado por la vida? ¿Te sientes triste y cansado? Posiblemente sí, ¡y con razón! Convivimos con las dos enfermedades del siglo XXI: La ansiedad y la depresión. Dos buenas cruces… y como cruces que son, no podemos apartarlas de Dios.

Para definirlas mejor, podemos decir que la ansiedad es el miedo por el futuro y la depresión la convivencia en bucle con nuestro pasado. Pero… ¿no os parece que quizá estos miedos están infundados por el excesivo control y la autosuficiencia? ¿Qué pasaría con estas dos grandes enfermedades si hubiese alguien que nos ayudase a cargar con ellas? Seguramente nos pesarían menos. No andaríamos constantemente rebuscando en nuestro pasado para no avanzar ni tampoco sufriríamos tanto estrés al preguntarnos constantemente qué será de nosotros dentro de unos años.

Esta persona existe, la persona que más te cuida, te quiere y te protege. Sí, el Jefe. A Dios rogando y con el mazo dando. Debemos y tenemos que ser sujetos activos de nuestra salud mental y nuestra felicidad, pero muchas veces la vida, ciertas experiencias, relaciones tóxicas… o incluso, nosotros mismos, nos convertimos en nuestros propios y peores enemigos.

La pregunta del millón es ¿Qué podemos hacer para que la ansiedad y la depresión no nos hundan? ¿Cómo encontrar a Dios dentro de estas cruces? Por supuesto, lo primero es reconocer que necesitamos ayuda. Pedir ayuda no es signo de debilidad, al contrario, nos hacemos más humanos y más humildes… el sufrimiento nos acerca a Jesús. ¡Qué gozada!

Y ahora… ¿Qué tal si hacemos un acto de FE y nos dejamos llevar? ¿Qué pasaría si dejamos a Jesús y a María nuestras preocupaciones?

Si os fijáis esto ya lo hemos hecho anteriores veces. Cuando hemos tenido algún problema de pequeños y nos desbordaba la situación ¿Qué hacíamos? Nada más llegar a casa contárselo a nuestros padres y solo con eso, con desahogarnos, ya nos quedábamos tranquilos, porque sabíamos que ellos tenían el control. ¡Hagámoslo también con Dios! Seamos niños de nuevo. ¿Cómo? A través de la oración. Démosle gracias por todo lo que nos da y pidámosle que nos ayude con estas cruces, pero, sobre todo, démosle gracias, porque ÉL ya sabe lo que quiere y necesita nuestro corazón.

Pero eso si… ¡CONFÍA! Confía porque detrás de cada cruz hay una balda que nos acerca más al cielo. ¡Qué gustazo conseguir que nuestros temores se conviertan en caminos hacia nuestra santidad!

Cambiemos el foco. Párate, respira, cuídate, aléjate de personas tóxicas, pide ayuda profesional, cambia hábitos… ALÉJATE de todo lo que te aleje de Dios, porque solo en ÉL podemos encontrar la paz.

Deja tu pasado en sus manos y tu futuro a su juicio. Dios sabe más. Quizá la ansiedad y la depresión sean pequeños avisos de que tienes que cambiar tu estilo de vida y solo hay una forma de conseguir la lucidez necesaria para saber qué cosas debemos cambiar… y esa forma tiene nombre y te quiere a ti. Con tu cruz. Y la quiere llevar contigo, solamente tienes que decirle SÍ.

@elenacalleja_psicologa

 

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