Bilbo abrió un ojo y vio que las aves estaban ya muy arriba y el mundo muy lejos, y que las montañas se empequeñecían atrás. Cerró otra vez los ojos y se aferró con más fuerza.

– ¡No pellizques!- le dijo el águila- No tienes porqué asustarte como un conejo. Hace una bonita mañana y el viento sopla apenas. ¿Hay acaso algo más agradable que volar?

A Bilbo le hubiese gustado decir: «un baño caliente y después, más tarde, un desayuno sobre la hierba» pero le pareció mejor no decir nada y aflojar un poquito las manos.

Las águilas descendían ahora con rapidez, una a una sobre la cima de la roca, y dejaban allí a los pasajeros.

– ¡Buen viaje! – gritaron- ¡Donde quiera que vayáis, hasta que los nidos os reciban al final de la jornada!

– Qué el viento bajo las alas os sostenga allá donde el sol navega y la luna camina – respondió Gandalf que conocía la respuesta correcta.

Dice el catecismo que: La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquél que es la fuente de toda bendición.

La bendición a Dios es alabanza y agradecimiento por los dones y gracias que nos da. Le
bendecimos por la Creación que el mismo ha bendecido al crearla.

Aunque algunas bendiciones son sacramentales y tienen sus propios ministros para impartirlas, todos los fieles laicos que participamos en el sacerdocio común, podemos hacer algunas bendiciones (bendecir la mesa y los padres a los hijos).

Cuando bendecimos a algo o alguien, lo que hacemos es una oración de petición a Dios, para que su gracia descienda sobre ella, a la que le deseamos el mejor de los bienes: la
benevolencia de Dios.

En mi casa bendecimos la mesa así: «Bendice Señor estos alimentos que vamos a recibir de tu mano generosa y acompáñanos, por Jesucristo Nuestro Señor».

Y por las mañanas mi marido bendice a mis hijos haciéndose la señal de la cruz en su frente diciendo: “Te pedimos Señor que nos bendigas, nos permitas conocer tu voluntad y nos des las gracias necesarias para cumplir con ella”.

Espacio para añadir comentarios si queréis ______________________________________________________________________
______________________________________________________________________
_________________________________

– Siempre quise veros a todos a salvo del otro lado de las montañas – dijo el mago- Muy poca gente vive en estos parajes…pero conozco a alguien que vive no muy lejos.

Ahora tenemos que salir y encontrarlo; y si todo va bien en dicho encuentro, creo que partiré y os desearé como las águilas, «buen viaje adondequiera que vayáis».

Ese alguien de quién hablé… una gran persona. Tenéis que ser todos muy corteses cuando os presente; y os cuidaréis de no molestarlo.
Cuando se enfada puede resultar desagradable, aunque es muy amable si está de buen
humor. Sin embargo, os advierto que se enfada con bastante facilidad.

El trabajo para hoy consistirá en darnos cuenta de que las personas con las que convivimos
son una bendición; elegir un pequeño defecto que me molesta en uno de los miembros de mi familia, reconocer que eso no la «define» como persona y tomar la decisión de que no me afecte tanto.

– ¿Es a él a quien nos llevas ahora?- inquirieron- ¿No podrías encontrar a alguien de mejor carácter?

C. Hoyos

Artículo anteriorJóvenes Católicos con mucho sabor
Artículo siguiente¿Invitarías a Jesús a tu boda?