Estaba en un sendero pedregoso que serpenteaba hacia abajo y bajo el nivel del sendero había unas cañadas con arbustos. En una de esas cañadas había gente hablando.

– Al fin y al cabo es mi amigo- dijo Gandalf- y una buena persona. ¡Ojalá no lo hubieseis perdido!

– Gritaste: ¡Seguidme todos! Y todos te seguimos. No hubo tiempo de contar, hasta que nos abrimos paso entre los centinelas. Y aquí estamos sin el saqueador.

-¡Y aquí está el saqueador! -dijo Bilbo, metiéndose entre ellos, y quitándose el anillo.
¡Señor, cómo saltaron! Y luego hubo gritos de sorpresa y alegría. Balín era el más
desconcertado pero todos decían que era un trabajo muy bien hecho.

Bilbo estaba tan complacido con estos elogios, que se rio entre dientes, pero nada dijo acerca del anillo.

Y cuando le preguntaron cómo se las había arreglado, comentó: Oh, simplemente me deslicé ya sabéis… con mucho cuidado y en silencio.

La vanagloria aparece en cuanto menos te lo esperas. ¡Qué fuertes nos creemos ante las
críticas, y qué débiles somos ante los elogios!

Cuando nos arrogamos un mérito, (cualquier mérito, ojo, hasta el más pequeño) y esto provoca una cascada de elogios, la vanagloria empezará a insuflarse a través de ellos, hasta hincharnos como pavos si no cortamos al instante nuestro gusto al escucharlos.

Porque nada es mérito sino gracia. Dice S.Pablo: «Porque ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Cor 4:7)

Al principio me molestaba mucho que me dijeran cosas bonitas sobre mi, o sobre lo que hacía.

Me alteraba porque, pensaba, ponían en peligro mi «falsa modestia». Y digo falsa, porque creía que la tenía y podía perderla con las lisonjas de los demás.

En realidad, la modestia, la humildad que podamos tener, también es gracia y no mérito. Si la tenemos es por Cristo y si la perdemos no será a causa de los demás, sino culpa nuestra por no custodiar la gracia que se nos ha dado.

Si los demás admiran nuestras obras, lo que están admirando son las obras de Cristo en
nosotros

A nosotros sólo nos resta ponerlo todo al servicio de los demás.

Espacio para añadir comentarios si queréis

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Me saco el sombrero ante ti. Balín a vuestro servicio.

– Vuestro servidor, el señor Bolsón – dijo Bilbo.

El trabajo para hoy consistirá en hacer un pequeño servicio.

Abramos el armario y observemos todo lo que contiene. Todo lo que se nos ha dado. Es hora de compartirlo con los que menos tienen.. Poner al servicio de los demás, esa ropa, esos zapatos, ese libro…

Gandalf se rio. Los demás se rieron con él. Al fin y al cabo habían perdido bastantes cosas… y en verdad podía decirse que hasta ahora habían llevado la mejor parte.

C. Hoyos

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