-¿Le gustan los acertijos? Quizás si, ¿No?
-Muy bien- dijo Bilbo- tú preguntas primero.
-Tendría que competir con nosotros, preciosso mío! Si preciosso pregunta y el no responde,
nos lo comemos preciosso.
-Si él pregunta y nosotros no contestamos, haremos lo que él quiera ¿eh? ¡Le enseñaremos el camino de salida!

Entonces pensó que ya era momento de preguntar algo horrible y difícil. Esto fue lo que dijo:

Devora todas las cosas:
aves, bestias, plantas y flores;
roe el hierro, muerde el acero,
y pulveriza la peña compacta;
mata reyes, arruina ciudades,
y derriba las altas montañas.

El pobre Bilbo pensó en todos los nombres que sabía de gigantes y ogros. Tenía el
presentimiento de que la respuesta era muy diferente y que la sabía de algún modo, pero no era capaz de pensar.

Alcanzó a ver los ojos que se acercaban, la lengua parecía habérsele pegado al paladar.

Lo que salió en un súbito chillido fue:

-¡Tiempo! ¡Tiempo! 

Bilbo se salvó por pura suerte. Pues naturalmente ésta era la respuesta.

Los sábados (Sabbath) son días de hacer una parada y recapitular.

Recordemos tiempo atrás toda la semana que hemos vivido. Tanto lo bueno como lo malo.

¿Qué ha destruido este tiempo cuaresmal? ¿Qué ha roído, pulverizado o derribado en
nosotros?

Para mí ha sido una semana físicamente extenuante, pero de sorprendente avance.
Sin embargo, esta vez, este tiempo cuaresmal ha destruido la angustia vital que solía tener al enfrentarme a este tipo de situaciones.
La docilidad está reinando y su fruto es la paz.

Espacio para añadir comentarios si queréis ______________________________________________________________________
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Ahora el tiene que hacernos una pregunta más preciosso mío, si ssí, ssi. Una pregunta más para acertar, si, ssi- dijo Gollum.

Pero Bilbo no podía pensar en ningún acertijo con aquella cosa asquerosamente fría y húmeda al lado.
-¡Pregúntenos! ¡Pregúntenos!

Bilbo aferró la espada con una mano y se tanteó el bolsillo con la otra.
– ¿Qué tengo en mi bolsillo?

El trabajo para hoy, como todos los sábados, será meditar el texto que ha inspirado esta
semana.
Tantearnos en él, hacernos preguntas y buscar respuestas. Pues es un tesoro lo que podemos encontrar en la Palabra.

El texto es éste:

«Dijo Moisés al pueblo:

El Sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor tu Dios:

– «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto y se estableció allí con unas pocas
personas.

Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud.

Entonces clamamos al Señor Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos.

Nos introdujo en este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso
ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que Tú, Señor, me has dado.» (Dt 26,
4-10)

– ¡Se acabó el tiempo! -dijo.
…¿Y Bien? ¿Qué hay de tu promesa?. Me quiero ir, tienes que enseñarme el camino.

C. Hoyos

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