“¿Quién es ese señor que hace gimnasia colgado en una cruz a la entrada del pueblo?” “¿Por qué no tenemos clases en Pascua?” “¿Quién es Jesús?”: esas fueron algunas de las preguntas que alumnos de entre 9 y 11 años le hicieron a su maestro, Matthieu Faucher, en un pueblo francés. Así comienza la publicación de Infobae que nos acerca a esta historia tan surrealista.

Faucher, que es ateo pero no fundamentalista entendió que esa laguna en los niños les privaba de los pilares de nuestra historia viendo la necesidad del «conocimiento desde el punto de vista histórico y no teológico». Su propósito de formar a los niños en esta materia, lo comunicó al centro y a los padres.

Su calvario comenzó, cuando en la laica Francia en la que impera más bien el laicismo, una carta anónima lo acusó de proselitismo. Lo cesaron de su puesto y el asunto llegó a los tribunales que le dieron la razón al maestro.

“La Corte estableció que mi enseñanza se inscribió perfectamente en los programas de educación de la escuela primaria”, dice Faucher, que se siente rehabilitado y fortalecido, tras la larga batalla judicial. “Este caso me supera ampliamente. Están en juego cosas mucho más grandes”, dice. “El tema de la enseñanza laica del hecho religioso, por ejemplo. Yo fui sancionado por haber trabajado con un libro que es un pilar de nuestra civilización; eso plantea interrogantes. Yo di cultura, no catecismo. Sólo cultura. Y los alumnos son los que la piden”.

«Algunos quieren hacer tabla rasa del cristianismo, cuando esa religión es uno de los cimientos de nuestra cultura judeo cristiana. Ir en ese sentido, es separarse de 1.500 años de nuestra historia», sostuvo en una entrevista a un medio francés.

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