¿Uno se puede comprometer definitivamente por amor?

Siempre he escuchado que el compromiso requiere sacrificio. En cambio, creo que esta afirmación no está bien expresada y puede llevar a conclusiones nefastas. Lo que requiere el compromiso es el amor. Única y exclusivamente el amor. Y el que quiera comprometerse pensando que deberá sacrificarse, acabará agotado. Incluso sentirá que toda su vida ha sido abandonada para satisfacer a otra persona sin recibir lo que esperaba o merecía.

Hoy he ido con mi familia al museo. En una pared he visto esta imagen de Barbie y Ken en el día de su boda. Barbie dice: Sí Ken… Siempre.

¿Por qué pone puntos suspensivos? ¿Acaso hay una lista de excepciones para Barbie? Pobre Ken. ¿Estará informado de esto? Lo mismo no será «siempre» si pierde el maravilloso tupé y se queda calvo, o pierde el nivel adquisitivo que le permite mantener el descapotable, o engorda.

Las expectativas de lo que debería ser y no fue, dejarán a Barbie con una sensación de sed imposible de saciar.

Leí en Instagram:

¿Quién cree que hoy, uno se puede comprometer definitivamente por amor?

Y la respuesta la tengo clara. Definitivamente el que no lo crea, está perdido. Porque la única forma de comprometerse es el amor. No hay otra. Y ¿qué es el amor? La definición más completa, actual y eterna que jamás se haya hecho, la escribió San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (1 Cor. 13) Así que, si no te comprometes por amor, no te has comprometido. Has puesto puntos suspensivos tras el «Sí quiero». El amor no tiene puntos suspensivos.

Durante el noviazgo nos entrenamos para la carrera a fondo más larga de nuestras vidas. Una carrera que solo acaba, cuando uno de los dos debe abandonar este mundo. La suerte es que no corres solo. Por eso, si te cansas, y nunca pusiste puntos suspensivos, alzarás tu brazo sobre los hombros del amor de tu vida y, éste, te llevará hasta que recuperes el aliento. Y viceversa.

Aún mejor, cuando ambos estéis agotados, cansados, incluso sintáis que por todas las circunstancias de vuestras vidas, ni a rastras avanzáis, sabed que si vuestro compromiso se ha sellado con la Gracia de Dios mediante el matrimonio, tampoco estáis solos. Lo que vosotros no podéis, Él lo puede. Solo dejaos caer y esperad a recibir la fuerza para recomponeros. Él jamás nos abandona.

Mi tía Sagrario, que en paz descanse, me dijo con mi reciente marido de la mano y con sus 50 años de matrimonio de experiencia, más los que llegarían después: «Tú, Él y tu marido. Pero Él siempre en medio. Si no es así, no llegaréis a viejos con esas manos unidas» La recuerdo tantas veces.

Como un símbolo del infinito que se repite en bucle con suave vaivén, sin principio ni final, son el compromiso y el amor. Ni uno es sin el otro, ni ninguno es nada por sí mismo.

Si pusiste puntos suspensivos, borra dos. Si no pusiste nada, espero que esto te ayude a cerrar la afirmación. Y si aún no te has comprometido, ojalá te haya convencido de que solo lo puedes hacer por amor. Y dale la mano a tu esposa o a tu marido, y como tienes dos, la otra dásela a Dios. Y dile que esté siempre contigo, que se quede en tu vida, para que cuando el camino sea oscuro o el laberinto largo y complicado, nunca sientas que estás perdido.

Milagrosa Ruiz Delgado