Maternidad y ser-mujer

El padre Daniel Torres me decía: “muchas veces se pone en tensión el desarrollo profesional y personal de una mujer con su maternidad, como si la maternidad no fuera parte también de su ser-mujer. Se lo presenta como algo accesorio”.

Pero, si la maternidad es algo accesorio, se termina por convertir en algo utilitario. Es decir: si no nos reporta beneficio, puede llegar a ser un incordio, algo que trataremos de evitar a toda costa. Y es que la maternidad siempre va a suponer sacrificio, pero en el buen sentido: es salirse de una misma para mirar a otro, darlo todo por ese otro… Y esto, en una sociedad utilitaria, individualista, puede resultar un fastidio. Sin embargo, la maternidad nunca se opone al ser-mujer, sino todo lo contrario.

La maternidad como parte inherente del ser-mujer

Es necesario entender que la mujer, tal y como es naturalmente, no solo es mujer con su parte espiritual y sexual, con una carga de erotismo bueno, con una autoestima positiva y con una aceptación de sí misma, sino que también tiene esa parte materna, que consiste en su capacidad de acoger y de ofrecer amor a otro; en definitiva, esa capacidad de salirse de sí misma. Ambos aspectos nunca se contraponen, siempre y cuando exista un equilibrio entre ellos.

“Madre es aquella que dice sí a la vida, la promueve y está dispuesta a servirla sin condiciones”, escribía Mariolina Ceriotti en su libro Erótica y materna. Es cierto que ser madre te priva de muchas cosas, pero también te da otras.

La maternidad tiene muchas características positivas, que se muestran de manera inconsciente: “la capacidad de acoger a otro, de proteger el vínculo, la empatía, la atención gratuita a las necesidades del otro, la ternura”. Se trata de capacidades innatas, que tiene cualquier mujer por el hecho de ser mujer, y que se desarrollan no solo en la maternidad biológica, sino en cualquier ámbito: por ejemplo, en la adopción, o en muchos servicios sociales de ayuda a los necesitados.

Algunas ideas para lograr ese necesario equilibrio

A pesar de que la palabra “madre” es tratada en muchos ambientes como algo peligroso —como una esclavitud—, nunca es algo accesorio, no es un “quita y pon”. Considerarlo así provocaría una ruptura interna en el ser-mujer, un desequilibrio, un vacío interior, una falta de aceptación de sí misma. Porque la maternidad significa capacidad de acoger al ser humano: no solo a los que la mujer pueda tener en su vientre, sino a cualquiera.

Sobre esta base, quiero dejar algunas ideas para que pensemos:

1. “Renunciar” a un trabajo por los hijos en realidad no es renunciar, sino que es elegir. Cualquier elección, del tipo que sea, supone dejar a un lado otras opciones. Yo no renuncio al autobús: es que prefiero ir andando. Yo no renuncio a una tarta de chocolate: elijo tomar una fruta. Adaptar nuestro trabajo a nuestra familia es un camino que lógicamente cierra otros, así como poner por delante el camino laboral supone muchas veces perder la posibilidad de crear o atender una familia.

2. Es cierto que en muchos trabajos la conciliación no es fácil, por no decir que es imposible. Pero, ¿acaso podemos llegar a todo a la vez? Eso sí que es imposible. El problema nos lo encontramos cuando nos promocionamos igual que un hombre o una mujer que no tiene hijos, cuando la ausencia por una baja maternal nos pasa factura en el trabajo.

Sin embargo, a pesar de estos contras, sigue sin ser una renuncia: es una elección, que con todo el esfuerzo que supone —que no es poco— debería tener también su compensación económica. Dar a luz, alimentar, cuidar, ocuparse de la educación de los más pequeños es un trabajo tan grande y valioso, respecto del cual “no debería temerse la confrontación con ningún trabajo profesional” (Carta a las familias, Papa Juan Pablo II, Año de la Familia 1994).

3. Tener hijos siempre es una ganancia, para nosotros mismos y para la sociedad. Que no se nos olvide que la célula de la sociedad es la familia, y que el futuro de la sociedad son nuestros hijos. Toda inversión en ellos es buena. Hasta ahora me he encontrado con muchas personas que se entristecen por no haber tenido más hijos, porque en su momento pensaban más en su bienestar y comodidad. Sin embargo, ninguna de las que los ha tenido y ha “renunciado” a otras posibilidades se ha arrepentido. Es más: estas mujeres se han encontrado desarrollando facetas de su vida hasta ese momento desconocidas y que han sido fuente inmensa de enriquecido personal y social.

Para más consejos, podéis visitar mi cuenta de Instagram: @evacorujo_letyourselves.

Publicado en Ama fuerte