Hasta el final de sus días Bilbo no pudo recordar cómo se encontró fuera, sin sombrero, bastón o dinero, o cualquiera de las cosas que alcanzaba a llevar cuando salía; dejando el segundo desayuno a medio terminar, casi sin lavarse la cara corriendo callejón abajo tanto como se lo permitían sus pies peludos, dejando atrás el gran Molino y cruzando el río Delagua, y continuando durante una milla o más.

Resoplando llegó a Delagua cuando empezaban a sonar las once y ¡Descubrió que se había
venido sin pañuelo!

-¡Bravo!- gritó Balin que estaba de pie a la puerta de la posada esperándolo -.

– Bravo! ¡Os habéis atrevido a ingresar en esta aventura, a reuniros con otros vecinos durante estas semanas y compartir lo esencial!

Comenzamos la aventura mirando todo lo que nos rodea, todo lo que tenemos. No esperemos a apreciarlo cuando lo hayamos perdido.

¿Qué tienes hoy que no habías valorado nunca y por lo que te acabas de sorprender
apreciándolo?

Yo acabo de darme cuenta de lo agradecida que estoy por el suelo de mi casa. No es un suelo de tierra. Puedo barrerlo y fregarlo, es suave al tacto, no me llega la humedad del suelo, ni hay piedrecillas, ni insectos. Tener un suelo de losa o madera es un lujo. ¡¡¡Gracias Señor!!!

Espacio para añadir comentarios si queréis ______________________________________________________________________
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El trabajo hasta la próxima meditación de este aventura será, durante el día de mañana,
Caminar por el barrio y notar lo que es hermoso, tanto las personas que me rodean como la naturaleza, incluso si vivo en el corazón de una gran ciudad.

Me atrevo a parar unos segundos, tocar, escuchar, sentir, para tomarme el tiempo de disfrutarlo y disfrutarlo, una y otra vez….

Y así fue como se pusieron en marcha, alejándose de la posada en una hermosa mañana poco antes del mes de mayo…

C. Hoyos

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