Una aventura de Cuaresma en compañía de un pequeño Hobbit

El santuario del Sagrado Corazón de Paray lemonial nos invita a hacer una cuaresma diferente.

Su propuesta es hacer un viaje, teniendo como compañero de viaje a un pequeño Hobbit.

Empezamos esta aventura inspirados por la petición de Bilbo:

—Perdón, ¡yo no he pedido nada!

—¡Sí, sí, lo has hecho! Dos veces ya. Mi perdón. Te lo doy.
De hecho iré tan lejos como para embarcarme en esa aventura. Muy divertida para mí, muy buena para ti… y quizá también muy provechosa, si sales de ella sano y salvo.

Bilbo está lejos de ser un aventurero, a muchos nos gustaría, como él refugiarnos en un «no te he pedido nada»…pero ¿Podemos sacar algún provecho de una aventura? ¿Con quién merecería la pena vivirla?

Para empezar esta aventura, lo primero que tenemos que hacer es encontrar compañeros de viaje.

No hay nada trivial en atreverse a conocer a alguien.

Al igual que el joven Bilbo, tenemos miedo de lo que el verdadero encuentro puede revelar
sobre nosotros, lo que puede romper o estropear la imagen que tenemos del otro o de nosotros mismos.

Podemos entonces tener la tentación de querer salvar los muebles…o los platos…

—Supongo que os quedaréis todos a cenar —dijo en uno de sus más educados y reposados
tonos.

-¡Claro que sí!…enseguida los 12 enanos se incorporaron de un salto, e hicieron enormes pilas con todas las cosas.

Allá se fueron, sin esperar por las bandejas, llevando en equilibrio en una mano las columnas de ni CTplatos, cada una de ellas con una botella encima, mientras el hobbit corría detrás casi dando chillidos de miedo:
—¡Por favor, cuidado! —y— ¡Por favor, no se molesten! Yo me las arreglo —pero los enanos no le hicieron caso y se pusieron a cantar:
¡Vaciad los cacharros en un caldero hirviente;
hacedlos trizas a garrotazos; y cuando terminéis, si aún algo queda entero,
echadlo a rodar pasillo abajo!
¡Esto es lo que Bilbo Bolsón detesta tanto!
¡De modo que cuidado! ¡Cuidado con los platos!

Pero por supuesto, no hicieron nada de eso.

Si a Bilbo no se le ha roto nada ¿Por qué no arriesgarnos nosotros?
Vayamos a la reunión en las plazas, a nuestros vecindarios y abramos las puertas de nuestra casa para una reunión amistosa … ¡y compartamos lo esencial… o los platos!

Naturalmente, es justo en el momento de emprender el camino cuando las dudas y los temores son más fuertes.

¿Qué obstáculo me parece el más complicado para comenzar este viaje juntos? ¿Y si otro
tuviera la solución? Meditadlo.

Para hoy el trabajo consiste en buscar una libreta para ir anotando estás y otras preguntas.

Y elegir un momento para abrirla fielmente y trabajar en ella.
Durante estos 40 días, puedo elegir incluso un mismo lugar donde permanecer físicamente,
para que mi corazón avance.

Yo voy a seguir esta aventura, traduciendo las meditaciones directamente de la página del
Santuario.

¿Me acompañáis?

Ésta es la historia de cómo un Bolsón tuvo una aventura, y se encontró a sí mismo
haciendo y diciendo cosas por completo inesperadas. Podría haber perdido el respeto de los
vecinos, pero ganó… Bueno, ya veréis si al final ganó algo.

C. Hoyos