A veces cuesta. Otras, duele.

Alguna vez me pregunto si no sería más fácil que fuéramos iguales. Mujeres y hombres. Pensar lo mismo, interpretar lo mismo, y actuar de la misma manera. Sencillamente, sería todo mucho más fácil. Dejaríamos de chocar en esas pequeñitas cosas que acaban convirtiéndose en roces. Esa competición en la que buscamos el ganar, imponer nuestra opinión, acabar la discusión. Eso sí: sin cambiar nuestra perspectiva.

Y siempre acabo pensando que nos cuesta aceptarlo. Que nuestra visión no es la única, ni la mejor. Que hay mil distintas maneras de ver, de encajar, de hacer las cosas. Y todas ellas tienen su por qué. Y por ello a veces resulta difícil aceptar al otro por completo. Queremos llevarlo a nuestro terreno: que sea como yo quiero que sea, que haga determinada cosa cómo yo la haría. Porque si no, lo critico, me molesto, y me esfuerzo en cambiarlo. En cambiarte.

Y luego lo pienso y me doy cuenta de cuán equivocada estoy. No puedo estarlo más: tú eres tú, y yo soy yo. Y pretender cambiarte no es el camino. Todo lo contrario. El camino es hacer de ti tu mejor versión. Y tu camino es intentar lo mismo: ayudarme a construir mi mejor versión. El camino, en definitiva, es que tú seas plenamente tú, y que yo sea plenamente yo.

Este es el quid: somos distintos. Tenemos distintas maneras de enfocar la realidad, de hacer las cosas, de caminar por la vida. Y, si no, que la ciencia nos ilustre. Diversos procesos. Igual de entendibles.

Sin embargo, ¡qué felicidad cuando abrazas por completo al otro! Con todo. Con nuestras diferencias y contrastes. Blancos y negros —y también tonos grises—. Pero color, ¡mucho color siempre! Al aceptar esas diferencias, quererlas y amarlas. Valorarlas, y así disfrutarlas. Y admirarlas.

Solo así seremos capaces de ver como un regalo aquello que nos hace distintos. De pensar qué bonito es poder aprender del otro. Qué suerte el que esté en tu vida. Y así, la diferencia se transforma en complicidad.

Es increíble el poder enseñar otras maneras de caminar y abrir los ojos a otras realidades, entendiendo otra forma de ver el mundo. Es increíble poder saborear distintas experiencias que la vida te ofrece, alternativas de hacer, ser y crecer.

¿Cómo? Dejándote complementar y acompañar. Aprendiendo a amar y a admirar. Ilusionándote: día a día, pasito a pasito.

Dejándote abrazar. Del todo. Completamente.

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*Autora de la cuenta de Instagram: @conlaemede.

Publicado en Ama fuerte

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