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Cuaresma y vuelta a la novedad

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Cuaresma y vuelta a la novedad

La Cuaresma viene en nuestra ayuda. El año ha sido especialmente difícil. Lo sigue siendo en muchos casos. Se nos han pegado, sin duda, durante la pandemia miradas que no provienen siempre del Evangelio y conviene disponerse y prepararse para la Novedad de la Pascua.

Tres son las -más que- actitudes que los cristianos cultivan desde el inicio. Limpiarse y purificarse vienen a ser sinónimos en este caso. Igual que centrar el corazón y poner alma, inteligencia y fuerza en lo que hacemos. Dicho muy rápidamente: limosna, oración y ayuno. Las tres con un denominador común: volver a lo secreto, allí donde solo el Padre nos ve, y de Él viene el premio, la recompensa, la herencia.

La preparación para la Pascua incide en la preparación del cristiano. En sus tres dimensiones fundamentales, en tus tres relaciones esenciales: el cuidado del otro desde uno mismo, el trato cercano con Dios “cara a cara”, el cuidado de la propia vida y lo que entra en ella. Como si fuera un tríptico, la mirada principal se dirige a Dios y de ella proviene una doble vertiente y llamada: el otro y uno mismo. Este capítulo del Sermón del Monte nos plantea desde ya mismo, y en cuestiones muy concretas, las claves de la Nueva Alianza: amarás a Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo.

Bien mirada esta Palabra, se desvela y revela una paradoja a la que atender con detalle. “En lo secreto” se muestra una presencia bien diferente, una cercanía generosa y desinteresada. “En lo secreto” no es una consideración aislacionista, sino llamada a una plena relación: con Dios en el núcleo, se transporta al otro y a uno mismo.

El orden, puede ser interesante: ir como prójimo hacia el que necesita de mi don, ir hacia Dios con palabras sencillas y con absoluta libertad y sinceridad, ir hacia uno mismo con cautela y vigilia.

Acto seguido, para quien quiera seguir leyendo, Mateo ha colocado la referencia fundamental de estas actitudes. Una dimensión que no se puede olvidar y a tener muy presente sosteniendo toda esperanza: nos espera un tesoro en el cielo, allí estará la recompensa, allí estará, después de una buena cuaresma, puesto el corazón. No allí como distante, sino en Dios como Viviente.

José Fernando Juan – @josefer_juan