El Delegado Castrense de Pastoral Sanitaria, D. Julián Esteban ha querido escribir un artículo dedicado a su difunto amigo, hermano y pastor, el Arzobispo Castrense D. Juan del Río Martín.

Narra cómo, cuando comenzó con los primeros síntomas de Covid, acudió con su hermana al hospital militar Gómez Ulla. Después de haber estado en cuarentena domiciliaria, tuvieron que volver al hospital. A las pocas horas al Arzobispo le ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos por neumonía.

Cuando se le administraron los últimos sacramentos manifestó que “si el Señor quisiera llevarme, bendito sea el Señor, si el Señor me quisiera ahorrar el trance, bendito sea también, que continuaría trabajando para su Reino”.

Al poco su estado general fuera deteriorándose hasta que la sedación se impuso y, el P. Julián lo acompañaría hasta el final. Entre él y otro compañero rezaban el Breviario no por él sino con él. Consciente de que el oído es lo último que pierde el paciente en sedación, desde la puerta del Box, declamaban en alta voz los Laudes, la Hora Intermedia y las Vísperas. Al principio solos y poco a poco se fueron uniendo algunos médicos.

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