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Cómo Dios salió al encuentro de María Espejo

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Cómo Dios salió al encuentro de María Espejo

Hola, mi nombre es María Espejo y me han propuesto escribir una colaboración para jóvenes católicos. Desde hace días pienso constantemente, que puedo escribir en estas breves líneas o quizás que puedo yo contar que le sea de ayuda a otras personas. Creo que tengo la solución, hablar de mi vida.

Yo tengo 22 años y como una joven cualquiera me gusta salir de compras, ir a tomar unas cañas con mis amigos o hacer mil planes con mi pareja. Pero dentro de esta vida, tengo un hueco siempre para buscar y encontrar a Dios.

Todo este camino comienza cuando mis padres deciden que vaya a un colegio católico, y desde pequeña me han inculcado todos los valores referentes al cristianismo. En este colegio daba mis clases de religión, iba a misa, hice la comunión, una vida normal acompañada de la mano del cristianismo, pero apenas era una niña y seguía los pasos que siempre me habían inculcado.

Llegó el bachillerato y tuve que irme a otro centro, este también era con valores religiosos. Además, en mi anterior colegio seguía asistiendo a las catequesis oportunas para poder llegar a cumplir el sacramento de la confirmación. En estos cursos ya vas teniendo otra visión de la vida, porque ves más de cerca la realidad que te rodea, pero aún así no hacia mucho caso, seguía con mi rutina católica, yendo a misa, ayudando a la hermandades a las que pertenezco pero nada más allá de eso.

Cumplí mi sueño, entrar en la universidad para poder estudiar la profesión más bonita del mundo, ser maestra. Mi vida dio un giro instantáneo, pero mi vida seguía sin estar plena del todo.

Aquí os voy a contar mis dos grandes encuentros con Dios y con la virgen María. Un día, en mi segundo año de universidad fueron algunos jóvenes seminaristas a contarnos su experiencia y cómo ellos vivían, y nos dijeron que si teníamos alguna duda o necesitábamos hablar con ellos solo teníamos que dar el paso de acercarnos, y allí estaba yo con una duda inmensa que recorría mi cabeza y mi cuerpo. Le dije que sentía la necesidad de estar cerca de Dios, pero que nunca lo había sentido y tampoco lo había escuchado, necesitaba encontrarlo. Este joven me miró y me dijo siéntate delante de Él, tranquila sin pensar en nada y habla, habla mucho con Él y lo escucharás. Pues eso hice, fui a una Iglesia me senté en un banco y me puse a rezar y a hablar con Él, pero mis oídos seguían sin escucharlo. Estos días daba la casualidad que estábamos en cuaresma y las hermandades preparaban a sus titulares para la llegada de la Semana Santa. Pues un día fui a un viacrucis y justo al terminar, la imagen se detuvo delante mía mirándome, y en ese momento lo miré a los ojos y encontré el verdadero sentido de la fe, porque la fe no se hace de oídos a oídos si no que se hace de corazón a corazón. Y Dios nos habla al corazón y tenemos que hablarle de corazón a corazón, en ese momento me cayeron dos lágrimas de los ojos y entendí que Él estaba a mi lado y siempre lo había estado, pero que por fin había conseguido encontrarlo y escucharlo.

Y mi segundo encuentro fue con María la Virgen en una época mala de mi vida que yo seguía mi rutina de ir a misa, rezar, pedir y dar gracias. Un día estaba por la calle y pasé al lado de mi Iglesia y vi que la puerta se abrió y vi salir a un amigo y hermano de mi hermandad, y me dijo: ven pasa. Y al pasar me encontré a la Virgen, que la tenían sola en una sala porque iban a cambiarla. Y en ese momento se paró todo mi mundo, solo vi a Ella y a mí en una sala y la miré a los ojos y en ese momento encontré toda la fuerza que necesitaba, me estaba hablando cara a cara de esa manera tan íntima, Ella siempre está a mi lado, esos minutos se convirtieron en medicina para mi alma.

Esto lo cuento porque debe de existir muchos jóvenes como yo que no encuentran el camino, o les cuesta mucho encontrarlo. Tranquilos, tened paciencia Dios y María la Virgen, encuentran cualquier manera, cualquier momento para buscarte y llamarte a seguirles.

Desde entonces, mi vida cristiana ha cambiado y la vivo más profundamente. En estos momentos he acabado mi carrera universitaria como maestra de Educación Infantil y Profesora de religión. Y desde que comenzó esta maldita pandemia he estado ayudando a una parroquia para poder dar de comer a cientos de familias. Y a día de hoy siento una felicidad inmensa porque soy catequista de comunión, y el poder enseñar el camino a niños tan pequeños me conmueve muchísimo y a la vez creo que es una responsabilidad enorme, porque el camino de su vida, el camino de su fe comienza ahora. Vivir la fe es algo extraordinario.

Gracias en especial, a mi familia por inculcarme siempre estos valores y hacer de mí la persona que soy, y a mi pareja por apoyarme en todas las decisiones y vivir juntos la voluntad de Dios.

Muchas gracias por leer estás líneas, y tranquil@ Dios siempre te encontrará y estará viviendo a tú lado, solo tienes que abrir tu corazón.

“Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; Tú me has dado seguridad desde mi juventud (Sal 71:5)”.

María Espejo