Todos conocemos los peligros de la rutina: acomodamiento, indiferencia, superficialidad, automatismo… y así vivimos muchas veces nuestra vida espiritual. Tenemos la santa costumbre de ir todos los días a Misa, o quizá nos esforzamos por ir más de dos días a la semana; no obstante, muchas veces lo hacemos porque está en nuestro horario, porque está bien, por rutina… y salimos de Misa de la misma manera que entramos. 

Así de locos se volvieron los rusos con el primer McDonald's de la URSS  (Fotos) - Russia Beyond ES

Con esto, quiero decir que, a veces, ir a Misa se convierte un poco en como ir al McDonald’s, vas a consumir comida, vas a comulgar haciendo fila, como en el McDonald’s, pero no acabas de entrar en el corazón de la Eucaristía. Es como un bufet de comida rápida. Entras en la Iglesia, 30 minutos y fuera, a seguir con todas las actividades del horario. Ya he cumplido con esta parte del programa, ahora a continuar haciendo todo lo demás. Comulgamos día tras día y casi es un movimiento que nos sale solo, lo tenemos tan integrado que no caemos en la cuenta de lo que es. Somos consumidores de Eucaristía pero no entramos en su corazón, en el corazón de la Trinidad. 

Corría el año 304 d.C. en una pequeña localidad de Túnez, llamada Abitinia, un grupo de cristianos fueron sorprendidos celebrando la Eucaristía un domingo, desafiando así a las prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados, fueron interrogados por el procónsul que les preguntó por qué habían transgredido la prohibición del emperador. Uno de ellos dijo «Sine dominico non possumus», es decir, sin el domingo no podemos vivir, no podemos ser. Después de esta respuesta fueron todos ejecutados.

¿Por qué contamos esta historia? Porque pienso… ¿de verdad podemos vivir sin la Eucaristía? ¿Hasta qué punto nuestra vida depende de ella? ¿Qué importancia tiene la Eucaristía y la Santa Misa en tu vida? ¿De verdad vives una vida eucarística? ¿Tienes sed de Eucaristía? 

La Misa no es algo añadido, no es algo a lo que nosotros vamos, nosotros hacemos el esfuerzo de ir, de estar… como diciendo «Señor, dame gracias por haber hecho este esfuerzo, por haberte dedicado este tiempo…». Es todo lo contrario. De Dios, de la Eucaristía nace todo, es lo que nos permite continuar viviendo, nos da el ser. Es de Cristo mismo de donde brota todo el sentido de las cosas. Es la piedra angular. Él es la fuente, el origen. Él es persona viva, y ¡qué poco caemos en la cuenta de que Él vive, de verdad!

Ahora plantéate, ¿tu vida depende de la Eucaristía o asistes a ella como puedes ir a un sitio de comida rápida?

 

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