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Camino de Santiago: Camino de Santidad

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Camino de Santiago: Camino de Santidad

Curiosamente, en este nuevo resurgir de la peregrinación a Santiago de Compostela, comúnmente conocida como el Camino de Santiago, se ha perdido de vista aquello que originó tal fenómeno: que allí reposan los restos de un hombre, Santiago el Mayor, el hijo de Zebedeo y hermano de san Juan evangelista, que fue un discípulo de Jesús, nuestro Señor, Dios hecho carne. Es más, sin Jesús, Santiago no sería nadie.

Hoy día parece haberse impuesto un lema pagano, basado en el nuevo dogma contemporáneo que invita a vivir el momento sin pensar más allá (carpe diem), y que reza que la meta es el camino. Sí, se puede cristianizar reconociendo que la meta de la vida es Jesús, que a su vez ha dicho que es el camino, pero, no nos engañemos, porque no es vivido de este modo. Igual que el carpe diem, que, socialmente, está muy lejos de significar que el único momento que tenemos para ser santos es el hoy. ¿Te parece exagerado? Date una vuelta por la catedral y verás la diferencia entre las colas para dar el abrazo a la imagen del apóstol y la que hay para rezar ante sus restos. Es, verdaderamente, llamativo.

Los cristianos, desde siempre, hemos afirmado que en esta vida estamos de paso. En este sentido, la ruta jacobea es una metáfora -la más perfecta para quien esto escribe- de la vida: caminamos esperando el encuentro definitivo con Jesús, bien guiados y acompañados por amigos de toda clase. Y eso con altibajos, naturalmente, pero con la mirada puesta ultreia et suseia, es decir, siempre hacia adelante y hacia arriba. Esa es nuestra esperanza: encontrarnos con el Señor.

Por eso, vamos a empezar esta serie de artículos, que, Dios mediante, abarcarán estos años jubilares, reivindicando la suerte que tenemos por poder venerar a uno de los discípulos íntimos del Señor en España. Y por eso nos ponemos en camino: para pedirle protección e intercesión en nuestro gran camino a la santidad. Este ha de ser un motivo -siempre- para comenzar el Camino de Santiago. Luego habrá más (de hecho, siempre lo hay y, quizás, con más peso que la devoción al apóstol), pero la invocación del apóstol debe volver a ser condición sine qua non para el peregrino cristiano. Y no de boquilla, sino de corazón. Dicho de otro modo, acercándonos a la figura de Santiago para, conociéndole, poder amarle como discípulo de Jesús. Y, naturalmente, contemplando esa vida hallaremos un camino de seguimiento del Señor.

Conoceremos quién es Santiago un poco mejor, cómo se originó el Camino, por qué Santiago se hizo popular en España y no en otros lugares, miraremos a la relación entre el Apóstol y la Virgen María, exploraremos en esa metáfora vital de la que hemos hablado, alguna historia de cómo algunos encontramos nuestra fe y vocación peregrinando a Compostela… En definitiva, buscaremos dar unos cuantos pasos que nos acerquen al Cielo. Y siempre bajo la protección de Santiago. ¡Ultreia!

Javier Peño