La interesante figura de la reina María Cristina (1806-1878) ha sido glosada recientemente por una de las autoras de mayor prestigio en la actualidad; la novelista Paula Cifuentes quien ha logrado una cuidada semblanza que se expresa entre dos géneros literarios; la biografía documentada y la novela histórica. La mezcla no solo le da credibilidad a la obra sino que se hace acreedora de admiración y aplauso.

María Cristina comienza su andadura como reina consorte (1829-1933) para cuatro años después convertirse en Regente de la Nación (1833-1840) y finalizará, después de dos exilios (1840-1844 y 1854-1478), como reina madre de Isabel II de España. Eso sí, todo eso en apenas unos pocos años.

Lo primero que destaca nuestra autora es a una joven y alegre napolitana de 23 años, culta, piadosa y madura que arribó en Aranjuez en 1833 para ser la esposa fiel de Fernando VII, durante cuatro años. A partir de entonces, sacará resortes para ser realmente una mujer adelantada a su tiempo, pues asistirá al final del maridaje entre el Trono y el Altar, para convertirse en la primera monarca en gobernar con los liberales españoles del siglo XIX, gracias a una regencia que salvó momentáneamente a la nación.

El matrimonio con Agustín Fernando Muñoz le dará cierta estabilidad emocional y seguridad para cumplir con sus deberes de estado (75-80) y, también, para poder sobrellevar los dos exilios que tuvo que soportar y la enemistad con el impetuoso y descreído Álvarez de Mendizábal (96). Pero reforzará la distinción entre las dos hijas mayores: Isabel y María Luisa, a quienes trataba fríamente y los hijos que tuvo con Muñoz serán objeto de predilección y seguimiento (113). Algo que ni el pueblo, ni las dos hijas mayores le perdonarían nunca, aunque se reconociera oficialmente (183-184).

Gobernará tanto con los liberales conservadores como con los liberales progresistas, a quienes nunca logró contentar, como tampoco a su rival don Carlos, quien terminó por propiciar las guerras carlistas ya trasnochadas y casi guerra de guerrillas que fue siempre vista en Europa como una lucha por el poder,

La historia del XIX requiere ser reescrita para entender el siglo XX pues muchas de las cuestiones sometidas a debate en la actualidad ya lo estaban en aquella época y por no resolverlas se siguen produciendo malentendidos: el papel de la Iglesia y del Estado en el desarrollo económico y social, los sentimientos nacionalistas (130, 170-173), el reparto de la tierra, el desarrollo industrial, el analfabetismo y la educación, la salud.

Verdaderamente, la protagonista del relato es desde las primeras páginas, ella la reina de azul, el azul cristino (13) como se dirá en la corte de Madrid desde entonces, por su hermosura, su categoría humana y su dignidad de reina cristiana, una mujer muy inteligentemente dócil (15). Su gran fracaso fue no educar a Isabel para reina y no acertar en el matrimonio de su hija que la hubiera estabilizado (193). Mientras, los liberales intentarán hacer los cambios sociales y políticos a través de golpes de Estado, Pronunciamientos, y de constantes Constituciones.

José Carlos Martin de la Hoz

Publicado en Club del lector

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