El cura que quiero ser

    Hoy 21 de enero hace 16 años que me ORDENÉ como SACERDOTE. Aquel día en la Iglesia Parroquial de Alcuéscar antes de comenzar la celebración le dije al Señor: “me comprometo a ser un cura de la gente”. Cada día en la oración le pido el Señor que sea el cura que el mundo necesita para encontrarse con Él.

    QUIERO SER …

    «Quiero ser el cura que no se olvide de mi infancia y lo trasto que fui en mi barrio; o en mi colegio de la Salle.

    Quiero ser un cura, que aunque sea joven y de vez en cuando le guste tomarse algo con la gente, ir al bar, o escuchar y cantar mecano, salir a andar por las tardes o noches, ir con mi familia a la playa, o que se me escape alguna palabrilla “más del lenguaje popular”, tenga tiempo para hablar de las preguntas y cosas importantes de la vida, del sentido de todo esto, del sufrimiento de la vida, de lo que significa amar de verdad, y que no solucione todo “solamente” repitiendo una pagina de la Biblia o de la vida de aquellos santos que se hacían las mismas preguntas, como si fuesen respuestas reimpresas a cada pregunta.

    Quiero ser un cura amigo, pero no como cualquier amigo. A esos los podréis encontrar en cualquier sitio. Tiene que ser un amigo que os pueda ayudar en vuestras necesidades espirituales y que siempre esté disponible, que os mande un whatsapp para animaros y os dé un abrazo cuando lo necesitéis.

    Quiero ser un cura que busque hablar la lengua de todos…, de quien busca a Dios y de quien no lo conoce, de los jóvenes y de los menos jóvenes, de quien profesa otra religión y de quien siente la necesidad de un acompañante para ser ayudado a vivir de verdad la vida.

    Quiero ser un cura que tenga necesidad de estar con los jóvenes. Que con sus vidas llenas de entusiasmos y de fatigas en el creer, no faltaran en ayudarme a vivir con más verdad este ministerio, me provoquen el repensarme y el renovarme en el anuncio cristiano, me permitan estar presente delante de los hombres y mujeres de este tiempo y del que vendrá, porque “todos tendrán vida y la tendrán en abundancia” (Jn 10, 10).

    Quiero ser un cura que vive a tope su vocación Formacionista, que cada día sepa dar lo mejor de su vida a los niños, jóvenes y enfermos.

    Uno que sea testimonio creíble, experto en el camino del Espíritu y en la práctica de la virtud; persona que no me eche atrás ante el sacrificio, que me arrodille ante el Sagrario, que esté disponible para el sacramento de la reconciliación. Alguien en el que se pueda descubrir la presencia del OTRO (con mayúsculas); que hable de Cristo.

    Un cura que demostrando en las cosas de cada día que está enamorado de Cristo os ayude a participar del mismo amor. Que sea exigente y no sólo simpático.

    Por último, un cura que después de 50 años de sacerdote, cuando se encuentre con alguno de vosotros, con sus muchachos, con sus amigos… pueda escuchar a corazón abierto: ¡Tú me enseñaste a vivir!

    Fernando Alcázar