Porque para Dios nada hay imposible

    En estas líneas quiero plasmar cómo vivo mi fe y para ello primero me voy a encomendar al Señor para que me ilumine y me guie a la hora de transmitiros estas palabras.

    ¡Hola! Me llamo Miriam, tengo 22 años y soy de un pueblo de Toledo pero estudio en Madrid. Nací en el seno de una familia cristiana, iba a catequesis y los domingos a misa, rezaba cuando me acordaba y poco más. Se podría decir, que mi vida espiritual iba avanzando cómo el curso escolar, con el objetivo de aprobar para ser feliz y vivir el verano donde disfrutaba de los campamentos y al llegar septiembre, olvidarse de todo y comenzar de cero.

    Según avanzaba los años, mi relación con Dios era mejor pero no era para echar cohetes…fue allá por 2016 cuando esta relación de amistad se hacia bastante real. En el verano de ese año, estuve de peregrinación a Lourdes y allí recibí una llamada de amor de la Virgen, en aquel momento no sabía canalizarla pero llegó otra vez empezar el curso y simplemente me paré a reflexionar que quería María de mí y lo único que me dijo fue: quiero que a través de mí, llegues a mi hijo. Así que eso hice, fue un año de discernimiento y preparación, y en el verano del 2017 me consagré a la Virgen en el mismo sitio donde había recibido ese llamada.

    Todo iba muy bien, al empezar el curso me cambié a Madrid y el primer año, compagine mi estancia en Madrid con ir todos los fines de semana al pueblo, ya que lo veía como estudiar en Madrid y el viernes al volver al pueblo vivir mi vida…fue un año de cambios personal pero espiritualmente seguía muy bien… y así seguía siendo, es verdad, que a partir del segundo año paso más tiempo en Madrid que en el pueblo porque antes me veía como una persona a la que en vez de comerse ella el mundo, el mundo se le comía a ella. Estos años, en Madrid, han sido como una montaña rusa, unas veces estaba en lo alto y otras en lo más bajo pero siempre había un rayo de luz para seguir el camino.

    Llega el 2020 y en un primer momento lo podría categorizar como “año horroroso” de los que hay que olvidar y no recordar. Digo esto, porque he perdido muchas cosas como familiares, amistades y en medio de todo esto lo dejé con la persona que podía compartir el resto de mis días. El confinamiento, no ayudo para nada sino que hizo una herida muy grande en mi corazón que se iba consolidando con el paso de los días, cada vez me sentía más fría y encerrada en mi misma.

    En el puente de la Inmaculada, me embarqué durante 3 días en el tiempo de Dios y recibí el gran regalo que Dios me tenía preparado. A partir de aquí, toda muralla y corazón frío se rompió y empecé a florecer y vivir intensamente el verdadero amor; también comprendí que no hay que encerrarse en la caja fuerte y que hay personas, sacerdotes, amigos, un guía espiritual o simplemente cuéntaselo a Dios. En Él comprendía que cuanto más pequeños somos, más luz brota de nosotros. Que esta es la primera piedra para seguir edificando, “…porque para Dios nada hay imposible”.

    Ahora, lo categorizo como “el gran regalo que Dios tenía pensado para mí” no sólo por lo que me hizo eso días, que me cambió completamente…sino porque gracias a Él puedo poner mi granito de arena en el grupo de Jóvenes de mi pueblo, seguir creciendo y formando la gran familia que somos, colaborando con la parroquia o con cualquiera que pide ayuda o simplemente siendo instrumento de Dios para llegar a esas personas que les falta un empujón o acompañándolos.

    ¡Qué Dios os bendiga hoy y siempre!

    Miriam Ballesteros López – León