Para el catolicismo, la modestia es una virtud que nos ayuda a moderar nuestras expresiones externas, de acuerdo a nuestro propósito interno. Con esto se busca estrechar nuestra relación con Dios al valuar las virtudes morales sobre los valores del mundo. En pocas palabras, la modestia es una virtud, hija de la templanza y la prudencia, que cuida nuestro comportamiento en general, incluyendo el lenguaje del cuerpo, los modales y también la forma de vestir.

Desde joven escuche hablar sobre este tema pero, siendo sincera, no le había dado mucha importancia; “al fin y al cabo, somos todos libres” solía pensar. Fue hasta que tuve mi conversión que pensé que si había decidido seguir a Jesús, también debía confiar en las enseñanzas que la Iglesia que Él fundó ha instruido. Entonces, si yo era católica, debía vivir como católica.

San Francisco de Asís bien solía decir: “prediquen el Evangelio en todo momento y cuando sea necesario, utilicen las palabras”. Pues bien, nuestra misión es hacer viva la palabra de Dios y podremos lograrlo cuando consideremos que nuestro ser espiritual y corporal tiene una dignidad sobrenatural en Dios y por ello hay que cuidar de él como el Templo en el que el Espíritu Santo mora. Entonces comprendí que el principio fundamental de la modestia para mí sería: si la prenda insinúa una ocasión de pecado para mí o alguien más, ¿qué gano con usarla? No hay nada más valioso que la pureza del alma y desde ahí empecé a poner más atención en mi modo de vestir.

Sin duda ha sido un camino largo y contracorriente, pero sobre la marcha he aprendido mucho. Por esto mismo, quiero compartirte algunos consejos que me han ayudado a dirigir mi forma de vestir según esta virtud:

  1. Conócete

Uno de los pilares de la modestia es resaltar quién eres y evitar cambiar tu apariencia natural. Por ello, te recomiendo reflexionar sobre cuáles son tus gustos y cómo podrías aprovecharlos para ejercer esta virtud. La forma en que vestimos debe hermosamente decorar lo que interiormente queremos reflejar.

  1. Lo que usamos retrata algo a los demás sobre quiénes somos

Tu modo de vestir incluso puede influir en la forma en que tú y los demás se comportan. ¿Interesante no? Por ello, una pregunta clave para discernir que sí, o no, usar al salir de casa podría ser: ¿me sentiría cómoda con mi apariencia si me encontrara en la presencia del Señor?

  1. Adecúa la moda a tus valores

Si decides empezar a cambiar tu forma de vestir te aconsejo que des un vistazo a tu guardarropa y revises todas las prendas de moda que tal ves compraste recientemente. Quizá ahí puedas encontrar algunas prendas que por sí mismas puedan considerarse modestas o algunas otras que podrías modificar o combinar para poder usarlas. Utiliza todo aquello que se adapte y lo que no, evalúa si es posible reutilizarlo como otro producto.

  1. La modestia resalta la feminidad

Muchas veces pensamos que para vestirnos modestamente debemos usar prendas sumamente holgadas o permanecer todas cubiertas, pero no es así. La modestia va de mano con la mas pura feminidad, aquella que cuida a la mujer y su dignidad como hija de Dios. No se trata de una moda “oversized” sino de resaltar la espiritualidad de la mujer, cuidando su apariencia. Por ello se debe evitar usar escotes, pantalones muy cortos o ropa pegada, pero se recomienda utilizar prendas que acentúen la delicadeza, gracia y ternura de la mujer.

  1. Lo que usamos debe coincidir con lo que estamos haciendo

Como mencionaba al principio, la modestia no es sólo una forma de vestir, sino una forma de actuar y de vivir. Si somos católicos y optamos por seguir a Cristo todos los días, debemos optar también por un actuar diario que refleje nuestro amor al prójimo y nuestra esperanza en Dios. Decía San Pablo, en la primera carta a Timoteo: “que las mujeres sepan revestirse de gracia y buen juicio, en vez de adornarse con peinados rebuscados, oro, joyas o vestidos caros. Que se adornen más bien con buenas obras, como mujeres piadosas” (1 Timoteo 2, 9 – 10), y tenía total razón.

Recuerda que la actitud exterior e interior se complementan y, por tanto, la modestia en el vestido revela también una modestia y piedad en el corazón, conductas que deben ser deseo de todos para agradar y honrar a Dios. Por ello, he empezado este bello caminar y espero poder seguirlo practicando de mano de la Virgen María que, como nuestra madre, está a nuestro lado para guiarnos en la práctica de las virtudes que nos acerquen a Dios.

¿Te interesó el artículo? ¿Alguna consejo te pareció particularmente útil? Comparte tus conclusiones, ¡me encantará leerte! 🙂

Oro por ti,

Myriam Ponce

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